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2015/08/18

GOTERAS, PLAGAS, CHORREOS Y AMENAZAS


ª  Se les llama de todo: “goteras”, “plaga”, “verdadero peligro de Europa”, “amenaza”, “chorreo”, “invasión ingente”… estos son algunos de los calificativos utilizados para definir a los miles personas que se juegan la vida cruzando medio continente”.

ª  Los “señores de la guerra” no son seres salvajes y sin raciocinio movidos por el odio. Son actores fríos y calculadores que funcionan bajo la lógica de obtener el máximo beneficio con el mínimo de coste, pasando por encima de quién sea necesario, incluso de naciones enteras”.

ª “Demasiada hipocresía que rezuma por los poros, “Todos somos Charlie” pero se aprueban leyes que nos oprimen cada vez más y nos dejan sin capacidad para salir a la calle a quejarnos. Y la mayoría sigue callada… mirando hacia otro lado”.

 
Se les llama de todo: “goteras”, “plaga”, “verdadero peligro de Europa”, “amenaza”, “chorreo”, “invasión ingente”… estos son algunos de los calificativos utilizados para definir a los miles personas que se juegan la vida cruzando medio continente en busca de la supervivencia y de refugiados desplazados en la mayor crisis migratoria de la historia.

Según informes del propio ACNUR (La Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados) en 2014, más de 60 millones de personas se han visto obligadas a huir de sus hogares debido al empeoramiento de las condiciones de vida, encontrándose en la mayoría de los casos en una situación de emergencia humanitaria.

Ante tal movimiento migratorio los países occidentales de la unión Europea, incumpliendo la promesa que hicieron hace unos meses de acoger una parte de ellos en sus propios países (recordemos que se trataba de una parte muy pequeña, aproximadamente 40.000), gira la cabeza hacia otro lado.

No es tan solo un gesto realizado por los propios dirigentes Mundiales, es toda la población que vive sumergida en su día a día, la que incapaz de ver más allá de su ombligo, actúa como cómplice insensible  de toda esta barbarie que no hace más que despreciar a seres humanos inocentes. Porque admitámoslo, en gran medida, las actuaciones y políticas realizadas por nuestros países y su ambición, son las grandes causantes de todo este éxodo.

Vayamos a la aportación de algunos datos: En primer lugar dejar bien claro que África es más que autosuficiente. En 1884 dirigentes de la vieja Europa decidieron saquear las riquezas del continente al sur del ecuador,  ya que la compra y el tráfico de esclavos ya no les era rentable a sus economías.

Muchos países del continente disponen de recursos económicos más que suficientes para subsistir e incluso compartirlos con naciones vecinas que carecen de los mismos. Países como Sudáfrica, Angola, Sudán, Congo, Tanzania, Argelia o Libia no necesitan de nadie. Si Occidente dejara de saquear día tras día los recursos naturales y materiales del continente africano, podrían atender a sus ciudadanos y acoger la más que posible migración de jóvenes venidos de países limítrofes.


Hoy día, todos sabemos que nada cambia en África sin la bendición de la Unión Europea y Estados Unidos. Por ello existen dictadores, que han sido y serán siempre los grandes garantes de los intereses occidentales. Sabemos que ningún dirigente mantiene su poder sin la ayuda de los países del Norte. Los apadrinan, acosan y derriban a buenos dirigentes, se permiten hasta el lujo de acudir en masa al funeral de líderes que dejaron pudrirse en prisiones durante casi treinta años como Mandela y montan tribunales para juzgar los crímenes de aquellos que se oponen a sus políticas y ambiciones. No olvidemos, claro está, que todo esto es posible debido en grandísima medida al apoyo incondicional de los medios que participan en el acoso, presionando mediante la mentira y el engaño, en favor de los grandes intereses de los que pueden permitirse el pago de sus honorarios. Ellos son los culpables de que veamos “monstruos” donde quizá no existan, y “héroes” a los que justifican mediante acciones armadas la invasión de cualquier región en nombre de su “democracia”, la gran democracia hipócrita, maldita y manchada de sangre, estandarte de los que ostentan el poder mundial.

Países como Inglaterra, Alemania y sobre todo Francia, consideran el continente africano como su “natural zona de expansión”. Estados Unidos que hasta el final de la guerra fría no descubrió la importancia estratégica y económica que supone el control sobre una región tan rica, ha entrado en conflicto directo con los intereses europeos. Mientras el reparto del pastel fue equitativo no hubo problemas, pero el enfrentamiento por la hegemonía sobre África se ha convertido en un combate abierto, en el que todo vale y no existen reglas para hacerse con el poder absoluto sobre el terreno. Por ello, tanto París como Washington fueron, son y serán siempre contrarios a la democratización de los países africanos, de este modo podrán seguir saqueando impunemente a sus protegidos.

Los “señores de la guerra” no son seres salvajes y sin raciocinio movidos por el odio. Son actores fríos y calculadores que funcionan bajo la lógica de obtener el máximo beneficio con el mínimo de coste, pasando por encima de quién sea necesario, incluso de naciones enteras. Por ello se decimos que no existen “conflictos armados africanos”, sino “conflictos armados en África”, ya que los protagonistas y culpables de esta historia son las mentes occidentales con tanto poder como para manejar los hilos de la destrucción de los pueblos. Se trata, en muchos casos, de guerras abiertas entre los intereses de empresas de uno y otro lado, que llevan el combate al escenario africano. Ya lo hicieron anteriormente en los países latinoamericanos, en los Balcanes, Irak, Libia… y lo seguirán haciendo mientras sigamos dejando el poder en sus manos.

La invasión de Libia fue una intervención al servicio del Gran Capital. El país fue el blanco de la codicia mundial, al igual que muchas otras en múltiples lugares del mundo. Libia tiene es su suelo la respuesta. Posee más petróleo que ningún otro país africano, ya que es capaz de producir aproximadamente tres millones de barriles de crudo diarios. En 2009 su líder por aquel entonces “Gadafi” (recordemos gracias a la hemeroteca, que don Jose María Aznar cerró varios negocios en este país sin importarle lo más mínimo que fuera un dictador), adelantaba un plan para nacionalizar el petróleo libio. Por su puesto, jamás se llevó a cabo dicho plan, puesto que en el año 2011, Europa dictaminó que era la hora de acabar con el dictador y sus planes para su pueblo. Ya no servía a los intereses de occidente y comenzaba a suponer un peligro para sus economías.


Pero  además, el país posee 35.000 kilómetros cúbicos de aguas subterráneas que cubrirían las necesidades de Egipto, Sudán, el Chad y las suyas propias, potenciando así la seguridad alimentaria  de toda la región. De este modo, se evitaría que estos países tuvieran que recurrir al propio FMI para solicitar fondos y poder conseguir agua y cultivos. Por no hablar de los 200 mil millones de dólares que poseía la Reserva Nacional Libia  y que tras los enfrentamientos fueron confiscadas por los países agresores.

Pero existen más casos de “Top Manta” que a los países occidentales no nos indignan tanto.

Senegal y sus peces. La Unión Europea firmó un acuerdo de pesca con este país: 38 buques europeos (25 españoles) podrán trabajar en la zona durante cinco años a cambio de tan solo 14 millones de euros. Recordar que algunos de estos buques ya han sido multados por realizar pesca irregular en la zona. Aun así han seguido recibiendo subvenciones millonarias de nuestras instituciones sin ningún tipo de castigo mayor.

Níger y su energía. El 87% de la energía francesa proviene de sus centrales nucleares. ¿Adivinan de donde proviene el 40% de sus reservas de Uranio? No olvidemos que este país que es el segundo mayor productor de este mineral, se encuentra entre los últimos en índices de desarrollo.

Costa de Marfil y su cacao. Costa de Marfil, primer productor mundial, cuenta con campos de trabajo infantil. Nestlé y otras multinacionales más se aprovechan de una extorsión, que por lo que se aprecia no quebranta ningún derecho Internacional.

República Democrática del Congo. Hace pocos días se hablaba de las bombas de Hiroshima y Nagasaki debido a su aniversario. El uranio utilizado procedía de Katanga, provincia al sur del país. Más importante aún es el Coltán, clave para la industria electrónica occidental. “Por cada kilogramo de este material que se extrae, cuesta la vida a dos niños”. ¿A quién le importa?


Reflexionemos un poco… No hay nada escrito en estas líneas que no sepamos, o que pueda encontrarse en múltiples documentos dentro de la red. Entonces, ¿por qué nos negamos a ver la realidad? ¿Para cuándo nos planteamos actuar? ¿De verdad pensamos que estas personas se jugarían la vida para vender música y gafas de sol en nuestras playas si pudieran vivir dignamente y sin peligro en sus países? ¿Sería posible nuestro tren de vida sin la expropiación y saqueo de otros países? ¿Hasta qué punto somos responsables de este éxodo? ¿No deberíamos el pueblo rebelarnos contra tanta injusticia y obligar a nuestras naciones y líderes a actuar de una vez?

Nuestros líderes… aquellos que como Sarkozy ven la inmigración como “una fuga de agua en la cocina”. Como el Primer Ministro Inglés Cameron, el cual llama “Plaga” a los inmigrantes y refugiados que intentan entrar en su país a través del Euro-túnel. Sin hablar de nuestros cargos políticos nacionales, nuestro Ministro de Interior que ve todo este asunto como un problema de “goteras en casa”, que felicita a las fuerzas del orden por el archivo provisional de la causa por la que se les investiga, o qué se opone a las operaciones de rescate en el mar por miedo al “efecto llamada”.

Aguantamos este tipo de declaraciones todos los días en los medios de comunicación, pero nos llevamos las manos a la cabeza por comentarios y chistes en redes sociales. Demasiada hipocresía que rezuma por los poros, “Todos somos Charlie” pero se aprueban leyes que nos oprimen cada vez más y nos dejan sin capacidad para salir a la calle a quejarnos. Y la mayoría sigue callada… mirando hacia otro lado.

Tan solo una pregunta más: si algún día somos nosotros los que necesitamos de la ayuda Internacional, ¿A dónde iremos entonces?

 

2015/06/09

DESTERRAR LAS CADENAS QUE ATRAPAN LA LIBERTAD


ª          ¿Pero… a que tenemos miedo? Miedo a que se vulnere la seguridad nacional por una invasión de inmigrantes pobres o terroristas; miedo a que las personas en situación “irregular” (los sin papeles) se aprovechen de nuestros cada vez más mermados recursos y servicios públicos y sociales”.

ª          Una caja llena de tela de arañas en nuestro país ya que esta Ayuda Oficial al Desarrollo ha disminuido en un 62% en los últimos  ejercicios previos al 2015, hasta un 0,16% de la Renta Anual Bruta”.

ª          6.000 seres humanos navegan a la deriva desde hace más de dos meses frente a las costas tailandesas, sin nada de comer y beber salvo lo que las gentes que pasan con sus embarcaciones les pueden tirar a cubierta”.


Los últimos meses han sido muy convulsos en cuanto a materia de inmigración a nivel mundial. Llevo tiempo reuniendo información, noticias, artículos y opiniones de múltiples fuentes para intentar redactar unas páginas que sirvan de resumen a todo lo acontecido en estas últimas semanas. Para ello primeramente buscaremos contextualizar algunas cuestiones creando una especie de eje cronológico para encontrarle sentido.

Nos iremos, para empezar hasta el año 2000. Después de ganar las elecciones generales de ese año, el Gobierno de José María Aznar creó la Delegación del Gobierno para la Extranjería y la Inmigración, y la integró dentro del Ministerio del Interior, eliminado de un plumazo, las competencias sobre la política de extranjería que hasta ese momento eran competencia del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. De este modo, la inmigración pasó de considerarse una cuestión sociolaboral, a constituir un asunto de Seguridad Nacional.

Con la vuelta del Gobierno Socialista en el año 2004 (no olvidemos las circunstancias en las que se produjo el cambio), la cartera de extranjería sería devuelta a Ministerios relacionados con trabajo y asuntos sociales. Pero el enfoque securitario para gestionar la inmigración ya quedaría instaurado. Algunos años más tarde (2005) el Gobierno socialista aplicaría la instauración de concertinas en las vallas fronterizas de Ceuta y Melilla. En honor a la verdad, un año más tarde el propio José Luis Rodríguez Zapatero decidió retirarlas. Recientemente, el actual Gobierno con Rajoy a la cabeza, volvió a instaurarlas y defenderlas en el año 2013 y hasta el presente.

¿Pero… a que tenemos miedo? Miedo a que se vulnere la seguridad nacional por una invasión de inmigrantes pobres o terroristas; miedo a que las personas en situación “irregular” (los sin papeles) se aprovechen de nuestros cada vez más mermados recursos y servicios públicos y sociales; miedo a que se generen problemas de salud pública en nuestro país; miedo al aumento de la delincuencia e inseguridad ciudadana. Cojan papel y bolígrafo y hagan sus cálculos y apuestas.

Lo que produce este enfoque de necesidad de seguridad sobre la inmigración es que veamos a estas personas como invasores y delincuentes antes que personas, que defendamos nuestra ciudadanía por encima de los propios derechos humanos universales. Que tener papeles en regla valga más que el propio hecho de nacer y ser alguien. Piensen incluso la forma de retratarlos en los medios: “No mueren personas, si no inmigrantes, sin papeles, refugiados…”.

Recientemente se aprobó en España la Ley de Seguridad Ciudadana, denominada Ley Mordaza. Fue aprobada por el Gobierno actual en solitario (para eso existen las mayorías absolutas “absolutistas”) y publicada en el BOE. Dicha normativa entrará en vigor el día 1 de Julio de 2015, ¿toda? Pues no. La Disposición Final Primera, que regula las devoluciones de inmigrantes en Ceuta y Melilla que lo hizo el día 1 de abril, cuatro meses antes que el resto de la Ley.


Dicha disposición enmienda la Ley de extranjería para intentar amparar la devolución a Marruecos de los inmigrantes interceptados en el salto a las vallas de Ceuta y Melilla, bajo la nueva figura jurídica que el Gobierno denomina “rechazo en frontera”, para impedir su entrada ilegal en España.

Pensemos en el trato dado a estas personas. Devuelto al otro lado sin preguntarles su nombre; ser identificado correctamente; sin ofrecerle asistencia de ningún tipo, ni letrada ni sanitaria. Impidiendo de este modo que puedan expresar cualquier cuestión, incluidas la posibilidad de solicitar protección Internacional si su vida corriera peligro. Derechos, por otra parte, amparados por la Convención de Ginebra, el Convenio Europeo de Derechos Humanos, la carta Europea sobre Derechos Humanos y la Directiva de Asilo… ¿suficientes instituciones?

Hagamos un viaje en el tiempo (maldita hemeroteca). 6 de febrero de 2014, 15 personas mueren en un intento de llegar a España frenado por las fuerzas de antidisturbios de la Guardia Civil. Las imágenes se difundieron por el Ministerio de Interior tras la presión ejercida por los propios medios de comunicación y ONG´s. Estas, también mostraban como 23 personas que sí consiguieron llegar a España fueron devueltas en caliente.

Volvamos al ahora. 20 de abril de 2015, nuestro Ministro de Interior Fernández Díaz “admite la necesidad del rescate en el Mediterráneo, pero insiste en el efecto llamada”.  Un mes atrás (por su puesto antes de la muerte de más de 700 personas en Lampedusa) nuestro Ministro defendía en Bruselas todo lo contrario, rechazó entonces mejorar el salvamento europeo en el Mediterráneo alegando un posible “Efecto Llamada”. Sus palabras alegaban que FRONTEX es una agencia que tiene por misión securizar las fronteras y no puede convertirse en una agencia de salvamento y rescate.

Más aún, aseguraba “la mejor manera de garantizar la vida de toda esa pobre gente es eliminado las circunstancias que llevan a que esa gente se vea abocada a caer en manos de mafias criminales”. Reflexionar sobre estas palabras. ¿Ésta es la mejor manera de garantizar la vida?, ¿eliminar las mafias es el mayor de los problemas? Por supuesto que no. Ya sé que estaréis pensando, que el problema que tienen es occidente y la avaricia de los Estados y personas más poderosas del planeta, que sumimos a los diferentes pueblos en guerras innecesarias a cambio de asegurar nuestra hegemonía y bienestar económico y personal.

Seguimos con más datos. En última instancia nuestro ilustrado y gran Ministro añade que existe también medidas a largo plazo (por no decir infinito plazo), algo denominado “cooperación al desarrollo”. Una caja llena de tela de arañas en nuestro país ya que esta Ayuda Oficial al Desarrollo ha disminuido en un 62% en los últimos  ejercicios previos al 2015, hasta un 0,16% de la Renta Anual Bruta, cuando la media Europea es del 0,43% y el mínimo fijado por la ONU es de un 0,7%. Volvemos a la siempre excusa de los recortes, tijeretazos siempre para los presupuestos sociales.

La cumbre extraordinaria celebrada el día 23 de abril de 2015 decidió dotar la operación comunitaria encargada de labores de vigilancia (TRITÓN), del triple de fondos, de tres a nueve millones de euros, aunque no ha sido sencillo para ello poner de acuerdo a los 28 países de la Unión. Un avance ínfimo en esta materia. No se ha mencionado la extensión del área operacional que puedan patrullar más lejos de las costas Europeas, lo que permitiría llegar antes a rescatar embarcaciones en apuros, recordemos que la mayor parte de los naufragios se producen en las aguas próximas de Libia.


En lo que sí parecían estar de acuerdo era en repartir el número de personas refugiadas a acoger (20.000 en total), pero no en cuántos le toca a cada país (parece que están intercambiando cromos). Concretamente nuestro Gobierno y sobre todo las figuras de Mariano Rajoy y el Ministro de Exteriores Manuel García-Margallo creen que aceptar 1600 refugiados en España es demasiado. Afirman además que esta cuantía no es proporcionada ni realista.

Los criterios de distribución elegidos por la Unión Europea son: la población, el PIB de cada país, la tasa de desempleo o el número de personas acogidas en el período entre 2010 y 2014. El peso de la población cuenta un 40%, el PIB un 40% y la tasa de paro tan solo un 10%. Con estas cuentas el argumento que dan estos individuos es que el alto índice de desempleo en España impediría dar trabajo a estas personas. Sinceramente, ni a estas ni a todas las demás, como se puede comprobar hasta ahora.

Nuestro Ministro Margallo relaciona inmigración con la situación económica y laboral de nuestro país, para negarse a aceptar el asentamiento de estas personas que se juegan la vida (no olvidemos que lo hacen huyendo de la situación actual de sus países en guerra) en el Mediterráneo. Al mismo tiempo sus declaraciones contradicen el mensaje optimista del Gobierno y sus “brotes verdes” que lanzan a diario aludiendo que somos el país que más crece de Europa.

Lo que está más que claro es que el Mediterráneo (mar entre todas las tierras) es una de las rutas migratorias más complejas, dinámicas y populares del mundo. A pesar de la atención mediática prestada, la vía marítima ha sido siempre un acceso secundario de los flujos de inmigración hacia Europa. Ha sido hace bien poco cuando la situación se ha revertido. La explicación tiene nombre de país, Libia, y una razón, el derrumbe del régimen de Gadafi en 2011 y la guerra civil en Siria a partir del año 2013. 

Por lo tanto las personas que se dejan la vida en el fondo de las aguas son aquellas que buscan protección Internacional, huyendo de la violencia, el conflicto y el derrumbe político y social en que se encuentran inmersos Sirios, Eritreos y Afganos (sin olvidar las docenas de países africanos que se encuentran en igual situación). Desde la segunda guerra mundial no se habían registrado tantas personas desplazadas como las que hay actualmente.

Para acabar con este gran problema falta voluntad política y ambición. Las reuniones mantenidas el 20 de abril de 2015 arrojaron lo denominados “10 puntos de Luxemburgo”. La respuesta ha sido decepcionante.

La única propuesta novedosa ha sido la destrucción de los buques utilizados por los contrabandistas (siempre y cuando exista resolución de la ONU), duramente criticada por ONG,s e instituciones Internacionales, y con razón, no se pueden matar moscas a cañonazos. Pretenden acabar así con el problema del “efecto llamada” que tanto miedo les da, sin entrar a solventar el efecto expulsión: la militarización de la frontera, que conducirá a la apertura de nuevas rutas más peligrosas para los que huyen y seguirá beneficiando a las redes de traficantes que incrementarán el precio del transporte.


Por primera vez, se plantea una distribución solidaria de personas con la necesidad de protección internacional. Sorprenden las cifras, 20.000 personas. Pueden parecer mucho, pero comparadas con los más de 4 millones de refugiados que existen tan solo en Siria… es tan solo el 0,5% de los refugiados de ese país (más de 51 millones en todo el planeta). ¿Qué pasa con los Eritreos, Afganos, Somalíes, Nigerianos, Gambianos, etc.? El debate no debería ser sobre cuantas personas se pueden acoger, sino más bien como garantizar la seguridad y dignidad de las personas.

Otra de las grandes líneas de acción propuestas pretende blindar las fronteras de la Unión Europea y la de los países de su área de vecindad mediante el apoyo económico de Europa y logístico del FRONTEX. Ni rastro queda, por lo tanto, de la cooperación en materia de gestión de conflictos y postconflictos. Ni rastro de la apertura de verdaderas vías legales de acceso a Europa. Ni rastro de una verdadera planificación política migratoria común que ofrezca soluciones de verdad a medio o largo plazo. Ni un ápice de decencia y cordura es lo que nos queda.

No quería terminar sin hacer referencia a una de las últimas noticias acontecidas en el mes de mayo, quizás la que más asco, repugnancia y tristeza puede causar en el alma humana: “6.000 seres humanos navegan a la deriva desde hace más de dos meses frente a las costas tailandesas, sin nada de comer y beber salvo lo que las gentes que pasan con sus embarcaciones les pueden tirar a cubierta”. Los medios de comunicación se hicieron eco de la noticia, pero nadie movió un dedo por ellos. Semanas después seguían a la deriva sin ninguna ayuda. Mientras tanto los Gobiernos de Tailandia, Malasia e Indonesia se desentienden por completo de ellos negándose a la acogida en su territorio.

“Desde el aire se les ha tirado comida y materiales para arreglar los motores de las embarcaciones”. Pero desde tierra se les insta para que se adentren aún más en el mar. No les importa que mueran, imagino que de ser así, un problema menos para ellos.


Mientras tanto el resto miramos a otro lado. Este caso está fuera de la jurisprudencia de Europa, algunos se frotarán las manos como si de polvo se tratara. ¿Pero, realmente esta problemática no es una cuestión que nos atañe a toda la humanidad?, ¿hasta cuándo vamos a seguir así?, ¿es que no se nos revuelve el alma además del estómago contemplando como millones de personas sufren alrededor nuestra? Aquí en España además, muchas veces tienes que hacer de tripas corazón escuchando decir a algunos gilipollas, que les encantaría poder pegar de tiros a los negritos además de ponerles muros y cuchillas como torres de altas.

Algún día nos acordaremos de todo esto. Quizás seamos nosotros quienes huyamos fuera de España y nuestras casas. ¿Qué digo? Ya está pasando, y por supuesto, cuando vayamos a países como Alemania, Inglaterra, Holanda o Francia no pidamos un trato que no sea el que se le da a un “inmigrante del sur”. Eso es lo que somos, inmigrantes en busca de mejorar nuestra calidad de vida, debido a las condiciones deplorables de nuestro país. No nos creamos mejores, quizás así, cuando volvamos a casa con el rabo entre las piernas, humillados y maltratados entendamos hasta cierto punto (no se puede comparar), la realidad del día a día de millones de personas en el mundo.