2026/08/26

CUANDO LA VIVIENDA PÚBLICA DEJA DE PROTEGER A LAS MUJERES

El Ayuntamiento de Valladolid y específicamente VIVA, la Sociedad Municipal de Suelo y Vivienda, ha eliminado del baremo la referencia expresa a las víctimas de violencia de género y la ha sustituido por una categoría diferente, la violencia doméstica o en el ámbito familiar, reduciendo, además, de 1,5 a 1 punto la puntuación asociada a esa situación.

La gravedad no está solamente en cambiar una palabra, sino en que “violencia de género” y “violencia doméstica” son categorías jurídicas y conceptuales diferentes, y esa diferencia tiene una razón: la violencia de género identifica una violencia vinculada a las relaciones de poder y desigualdad entre hombres y mujeres.

La Ley Orgánica 1/2004, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, define esta como la violencia ejercida sobre las mujeres por quienes sean o hayan sido sus cónyuges o estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad.

La violencia doméstica, en cambio, tiene un ámbito diferente: engloba determinadas violencias producidas dentro del ámbito familiar o de convivencia, con independencia del sexo de la víctima y de la persona agresora.

Por tanto, decir que sustituir una categoría por otra “amplía la protección” es, cuanto menos, jurídicamente discutible. Amplía la categoría de situaciones que pueden entrar en el concepto de violencia doméstica, pero eso no significa que pueda ser equivalente a reconocer específicamente la violencia de género.

El argumento fundamental es que la violencia de género no se define simplemente por el lugar en el que ocurre. Cuando hablamos de “doméstica”, el concepto describe principalmente un ámbito o espacio de relación: familia, pareja, convivencia.

Sin embargo, la expresión “de género”, lo que hace es describir la naturaleza de una violencia estructural relacionada con la desigualdad existente entre hombres y mujeres. Una desigualdad histórica.

Una mujer asesinada por su pareja masculina no es simplemente una persona que ha sufrido una agresión “dentro del ámbito familiar”. Existe un fenómeno social específico que la legislación española reconoce precisamente como violencia de género. Por eso, sustituir sistemáticamente el término despolitiza y descontextualiza una violencia que tiene una dimensión estructural.

La sustitución del concepto “género” además, invisibiliza claramente a las mujeres como personas específicamente afectadas. Seguramente este sea uno de los puntos más importantes en el debate político.

Si hablamos de “víctima de violencia doméstica o en el ámbito familiar”, la condición de víctima deja de estar expresamente vinculada a la violencia contra las mujeres por razón de género. Una persona puede ser víctima de violencia doméstica independientemente de su sexo. El problema radica en utilizar esta categoría genérica para sustituir una categoría específica que reconoce una desigualdad muy concreta y donde los datos argumentan de manera radical su justificación.

El hecho de que el Ayuntamiento de Valladolid, gobernado actualmente por PP y VOX, haya cambiado un concepto por el otro (violencia de género por violencia doméstica) en el protocolo para el acceso a una vivienda de alquiler social perteneciente a VIVA, la precisión importa todavía más. Estamos hablando de un baremo que determina quién tiene prioridad para acceder a una vivienda pública o municipal.



Por tanto, las categorías utilizadas tienen consecuencias materiales.

Si el protocolo anterior otorgaba 1,5 puntos a las víctimas de violencia de género y el nuevo concede solamente 1 punto a las víctimas de violencia doméstica o en el ámbito familiar, hay dos modificaciones simultáneas: por un lado se cambia la categoría y por el otro y más grave aún, se reduce la puntuación y esto hace mucho más insostenible las declaraciones del concejal de Urbanismo y Vivienda, Ignacio Zarandona que habla de que únicamente  estamos ante una mera “simplificación terminológica”.

Hay dos opciones posibles: o su desconocimiento es total y no ha leído ni el texto que se ha aprobado recientemente o miente y ha intentado salir al paso con unas explicaciones que son totalmente absurdas para justificar un cambio que viene claramente de su acuerdo de gobierno con VOX, esa formación política que degrada al pensamiento feminista y que es negacionista de la violencia de género ejercida sobre las mujeres por este sistema patriarcal. Claramente me inclino más por la segunda de las opciones.

El argumento de que “la ley orgánica ya lo regula” tampoco resuelve el problema. Este punto merece especial atención. Zarandona argumenta que la violencia de género ya está regulada por una ley orgánica y que, por tanto, no es necesario mencionarla en el protocolo.

Pero precisamente porque el protocolo establece criterios de valoración, cabe preguntarse por qué se elimina una categoría que antes estaba expresamente contemplada. La cuestión no es si una víctima de violencia de género sigue teniendo los derechos reconocidos por la Ley Orgánica 1/2004. Evidentemente, una norma municipal no puede borrar esos derechos. La cuestión es otra: ¿qué criterios utiliza VIVA para ordenar las solicitudes de vivienda y qué valor otorga a la condición de víctima de violencia? Aquí sí importa lo que diga el propio baremo en el protocolo de VIVA.

Que una categoría sea más amplia no implica automáticamente que sea más garantista. Es simple: una categoría específica identifica una vulnerabilidad. Si se sustituye por otra categoría más amplia que incluye otras situaciones, pero, al mismo tiempo se reduce la puntuación en el baremo, el sistema está fallando.

No se puede afirmar por lo tanto que “proteger a más personas” es equivalente a proteger mejor a las víctimas, en este caso, de violencia de género. En política pública es imprescindible analizar qué derechos se reconocen, a quién, con qué prioridad y con qué consecuencias. No vale todo y en un asunto tan sensible como este, es importantísimo tener mucho más cuidado.

El debate podría morir aquí, pero quedaría incompleto. Hay una segunda cuestión todavía más preocupante. El protocolo que recientemente se ha aprobado elimina también la valoración específica de situaciones como: haber sufrido un desahucio hipotecario, vivir en una pensión, albergue o recurso residencial, encontrarse en infravivienda y dedicar más del 30 % de los ingresos al alquiler. Estos criterios podían aportar hasta tres puntos.

Estos dos últimos (encontrarse en infravivienda y dedicar más del 30% de los ingresos al pago de un alquiler) afectan más, según los datos estadísticos existentes, a las mujeres de manera directa. El primero penaliza mayoritariamente a mujeres con pocos recursos con hijos e hijas a cargo, ya que suelen ocultar situaciones de exclusión residencial severa y soportan de manera prioritaria el cuidado del hogar en condiciones precarias. El segundo, debido a la brecha salarial, la mayor tasa de temporalidad laboral femenina y el elevado porcentaje de mujeres al frente de familias monoparentales, el esfuerzo económico para mantener el alquiler incide de manera más aguda en sus bolsillos.



Por lo tanto,
gracias a la total negligencia del Ayuntamiento de Valladolid y la falta de visión y políticas feministas, tenemos un coctel perfecto que hace que el acceso a una vivienda en alquiler social paras las mujeres más vulnerables sea mucho más difícil. Si eres mujer, víctima de violencia de género, tienes hijos e hijas a tu cargo, vives en situación precaria y con un trabajo que hace que destines más del 30% de su salario al pago del alquiler… lo siento, pero quedas excluida.

Por eso la vivienda no es jamás una cuestión secundaria en las políticas contra la violencia de género. La vivienda segura forma parte imprescindible de la capacidad real que puede tener una víctima para romper con el agresor y reconstruir su vida.

¿Y ya está? ¿aquí terminan los cambios? Pues no, aún hay texto para más sorpresas. La propuesta estrella más rancia de VOX, la “Prioridad Nacional”. El nuevo sistema premia la antigüedad del empadronamiento. Es decir, que, si eres mujer y además de todo lo anterior, llevas menos de tres años en la ciudad, tampoco tienes puntos. Cumplir 3 años de empadronamiento para víctimas de violencia de género es muy complicado porque muchas veces han tenido que marcharse de su ciudad precisamente por este motivo. Al parecer esto tampoco se ha tenido en cuenta, ¿o…. si?

Está claro, ser mujer en esta ciudad con un equipo de gobierno de extrema derecha, es lo peor que te puede pasar. Es terrible, simplemente terrible.

Todo esto cambia bastante la filosofía del programa. El sistema anterior intentaba medir la vulnerabilidad habitacional y social. El nuevo introduce un criterio territorial basado en la antigüedad de residencia en Valladolid.

Y eso nos debería de obligar a formular una crítica política mucho más profunda: ¿Estamos ante un programa diseñado para atender a las personas más vulnerables que tienen mayor necesidad de vivienda o ante un sistema que prioriza la ideología política de un equipo de gobierno machista que atenta contra los derechos de las mujeres?


2026/08/17

VALLADOLID, UN MERCADO DEL ALQUILER AL LÍMITE

Si la radiografía del mercado del alquiler en España mostraba un problema estructural, Valladolid ofrece un ejemplo muy ilustrativo de cómo esas dinámicas se trasladan al ámbito local. La oferta de vivienda en alquiler se reduce, los precios continúan aumentando año tras año, las viviendas de uso turístico siguen creciendo y, al mismo tiempo, miles de viviendas permanecen vacías. Una combinación de factores que obliga a preguntarse si el mercado está siendo capaz de responder a una necesidad tan básica como el acceso a una vivienda digna y asequible para todo tipo de personas, independientemente de su nivel económico.

Encontrar una vivienda de alquiler en Valladolid se ha convertido en una tarea cada vez más complicada. Basta con consultar uno de los principales portales inmobiliarios del país para comprobar la escasez de oferta.

Actualmente apenas se anuncian 250 viviendas en alquiler en la ciudad de Valladolid y 300 en toda la provincia. Son cifras muy reducidas para un territorio que supera ampliamente el medio millón de habitantes y que concentra buena parte de la actividad económica, universitaria y administrativa de Castilla y León.

La consecuencia de esta escasez es conocida por cualquiera que haya intentado alquilar una vivienda en los últimos años: mayor competencia entre quienes buscan piso y una presión constante sobre los precios. Por lo tanto, cada vez es más difícil por no de decir imposible hacerte con un techo donde desarrollar la vida.

Los precios no han dejado de crecer. El alquiler ya cuesta un 37 % más que hace apenas tres años. En 2023 el precio medio del alquiler en Valladolid se situaba en torno a 7,6 euros por metro cuadrado. Un año después ascendía a 8,4 euros, en septiembre de 2025 alcanzaba los 9,3 euros, en diciembre de 2025 los 9,6 euros por metro cuadrado y actualmente en junio de 2026 ya hablamos de 10 euros por metro cuadrado.

Traducido a una vivienda media de unos 90 metros cuadrados, el cambio resulta muy gráfico.

Hace poco más de dos años alquilar un piso suponía un desembolso aproximado de 675 euros mensuales. Hoy esa misma vivienda alcanza de media los 900 euros. En apenas dos años el incremento supera el 37 %, mientras que si la comparación se realiza desde 2016 (hace diez años) el aumento acumulado rebasa ya el 65 %.



Detrás de estos porcentajes hay una realidad: cada vez son más las familias que necesitan destinar una parte más creciente de sus ingresos para poder acceder y pagar el alquiler de una vivienda. Hablamos de un porcentaje que se encuentra por encima del 30-35% teniendo en cuenta los salarios medios y medianos de Valladolid.

Otro de los fenómenos que está transformando el mercado durante los últimos años está siendo el crecimiento de las viviendas de uso turístico. Los datos muestran una evolución especialmente significativa.

En 2024 el Ayuntamiento de Valladolid tenía registradas alrededor de 40 o 45 licencias ambientales para este tipo de alojamientos. Ese mismo año la Junta de Castilla y León contabilizaba 167 viviendas turísticas autorizadas en toda la provincia. Sin embargo, apenas un año después la cifra prácticamente se había duplicado. Durante el verano de 2025 ya existían 337 viviendas turísticas registradas en la provincia, de las cuales 152 se encontraban en la capital.

Actualmente ya son 200 las viviendas con licencia para este uso en la ciudad de Valladolid. Hablamos de viviendas con licencia. Lo que nadie se le escapa es que existe un mayor número de viviendas al que se le da este uso temporal y que carece de vivienda.

En 2025, antes de que la normativa prohibiera a los portales web que hicieran difusión de este tipo de viviendas para uso turístico y temporal sin licencia, las tres principales plataformas especializadas ofertaban 629 viviendas turísticas en la provincia, de las que 311 correspondían a Valladolid capital. Hoy este número es aún mayor.

La comparación entre ambas cifras apunta a una circunstancia que plantea interrogantes sobre la nula capacidad de control que las administraciones local y autonómica tienen sobre el impacto que esta oferta puede tener en el mercado residencial.

Un último dato a tener en cuenta en nuestra provincia y ciudad. Mientras miles de personas encuentran enormes dificultades para acceder a una vivienda en alquiler, más de 27.000 viviendas permanecen vacías en la provincia de Valladolid.



Según los datos del Instituto Nacional de Estadística, existen 27.222 viviendas desocupadas, lo que representa aproximadamente el 9,16 % del parque residencial provincial.

Solo en la capital se concentran alrededor de 9.500 viviendas vacías, aproximadamente el 35 % del total provincial. Es decir, una de cada tres viviendas vacías de toda la provincia se encuentra precisamente en el municipio donde más difícil resulta encontrar un alquiler asequible.

La situación de Valladolid resulta llamativa, pero adquiere una dimensión aún mayor cuando se analiza el conjunto de la Comunidad Autónoma. Castilla y León dispone de 1.829.895 viviendas, de las cuales 360.604 permanecen vacías. Esto supone cerca del 20 % del parque residencial, una cifra que supera ampliamente la media española.

En el conjunto del país existen 26,6 millones de viviendas, de las que 3,8 millones están vacías, alrededor del 14,4 %. En otras palabras, Castilla y León presenta una proporción de vivienda vacía aproximadamente seis puntos superior a la media nacional.

La explicación no puede reducirse a un único factor. En algunas provincias influyen el envejecimiento demográfico y la despoblación; en otras, la falta de rehabilitación o la escasa rentabilidad esperada por quienes son personas propietarias. En las ciudades con mercados más tensionados también intervienen el aumento del alquiler turístico, la incertidumbre regulatoria y las dificultades para movilizar vivienda hacia el mercado residencial.

En nuestra ciudad coinciden varios de estas problemáticas al mismo tiempo: una oferta muy reducida de viviendas en alquiler, el incremento continuado de los precios, el crecimiento progresivo del uso de viviendas para alquiler turístico y/o temporal y un importante volumen de viviendas que permanecen vacías.

La realidad demuestra que el acceso a la vivienda depende de múltiples factores que interactúan entre sí y que requieren políticas públicas capaces de actuar sobre todos ellos de manera coordinada.

2026/08/03

RADIOGRAFÍA DEL MERCADO DEL ALQUILER EN ESPAÑA

Hablar del mercado del alquiler en España suele llevar a un debate polarizado. Hay quienes sostienen que el problema reside exclusivamente en los grandes fondos de inversión y quienes afirman que la mayoría del mercado sigue en manos de pequeños propietarios y propietarias. La realidad es bastante más compleja. Los datos disponibles muestran un mercado heterogéneo donde conviven millones de personas con un número muy limitado de propiedades con grandes tenedoras, sociedades mercantiles, entidades públicas y fondos de inversión. Comprender esa estructura resulta imprescindible para diseñar políticas de vivienda eficaces.

Cada vez que el precio del alquiler vuelve a ocupar titulares, reaparece la misma pregunta: ¿quién posee realmente las viviendas que se alquilan en España?

La respuesta no admite simplificaciones. Ni el mercado está dominado exclusivamente por grandes fondos, ni puede explicarse únicamente a través de personas propietarias que complementan su pensión o sus ingresos con una vivienda heredada.

El mercado del alquiler español presenta una estructura mucho más diversa y desigual de lo que suele trasladarse al debate político.

España cuenta con algo más de 3.000.000 de viviendas destinadas al alquiler residencial, según distintas estimaciones elaboradas a partir de información fiscal, estadística y administrativa. La Agencia Tributaria ha mejorado en los últimos años la información disponible mediante una nueva estadística basada en las declaraciones del IRPF y los datos catastrales, lo que permite conocer con bastante precisión el comportamiento de los propietarios particulares.

Sin embargo, esa información tiene una limitación importante: no recoge de forma completa las viviendas pertenecientes a sociedades mercantiles, por lo que para obtener una fotografía global es necesario combinar distintas fuentes oficiales. No obstante, tenemos una aproximación de los datos disponibles.

El 15% del total de las viviendas de alquiler, es decir, más de 400.000 viviendas, pertenecen a personas jurídicas. Esto incluye fondos de inversión, conocidos como fondos buitre, que controlan alrededor de 175.000 viviendas, y otro tipo de sociedades, que gestionan aproximadamente 270.000 viviendas. Sumando las 320.000 viviendas de titularidad pública (un 10% más), se concluye que una de cada cuatro viviendas en España está en manos de una institución, no de un particular.

El 75% restante, es decir, alrededor de 2,3 millones de viviendas, está en manos de personas particulares, según datos de la Agencia Tributaria. No obstante, el perfil de estas propietarias es muy diverso:

El 50,1% son personas que poseen una o dos viviendas. En total, se estima que hay 1.163.000 pequeños y pequeñas propietarias. Estas personas generan ingresos brutos de alrededor de 30.000 euros anuales por sus viviendas alquiladas.

Del otro lado, encontramos personas con múltiples viviendas, conocidas como rentistas:

·     Cerca de 1.000.000 de personas tienen entre 3 y 4 viviendas.

·     Otras 200.000 tienen entre 6 y 10 viviendas.

·     38.500 (aprox.) personas poseen más de 10 viviendas.



Los personas que son propietarias particulares continúan siendo el grupo más numeroso. Miles de familias obtienen una parte de sus ingresos del alquiler de una única vivienda, normalmente adquirida hace años o heredada. Este perfil sigue teniendo un peso importante dentro del mercado español y constituye una realidad que cualquier política pública debe tener presente.

No todas las personas son grandes inversoras ni obtienen rentabilidades extraordinarias. Para muchas economías familiares, el alquiler constituye un complemento de ingresos y no una actividad empresarial.

... pero también es cierto que la propiedad está cada vez más concentrada. Que exista un número importante y numeroso de personas propietarias no significa necesariamente que controlen la mayor parte del mercado.

Los estudios más recientes elaborados por el Ministerio de Derechos Sociales y Consumo junto con el CSIC muestran una tendencia clara: la concentración de viviendas en manos de personas propietarias de varias viviendas ha aumentado durante la última década.

Según este estudio, cuando se incorpora al análisis el conjunto del mercado (incluyendo personas jurídicas, empresas, fondos y vivienda pública) aproximadamente el 61 % de las viviendas en alquiler está controlado por personas multiarrendadoras y entidades jurídicas, mientras que las personas y familias con una única vivienda alquilada concentran alrededor del 39 % del parque arrendado.

Este dato cuestiona una idea muy extendida: aunque las personas que tienen una o dos viviendas en alquiler siguen siendo muy numerosas, ya no representan la mayor parte de la oferta disponible.

Los fondos de inversión existen, pero no explican por sí solos el mercado y los problemas para el acceso a una vivienda asequible. Los fondos de inversión poseen una parte significativa del parque residencial, especialmente en determinadas áreas metropolitanas, pero junto a ellos operan miles de sociedades patrimoniales, empresas inmobiliarias, SOCIMI, promotoras y particulares con múltiples inmuebles.

Reducir toda la estructura del mercado a los fondos de inversión impide comprender un fenómeno mucho más amplio: la creciente concentración de activos inmobiliarios en manos de grandes operadores económicos y de personas multipropietarias con carteras de varias viviendas.

El peso cambia según el territorio. En ciudades como Madrid, Barcelona, Palma o Valencia la presencia de personas con gran número de propiedades resulta considerablemente superior a la media nacional. Precisamente en estos mercados es donde el Ministerio de Consumo identifica mayores niveles de concentración del alquiler en manos de personas multiarrendadoras.



Estas diferencias ayudan a explicar por qué las tensiones del mercado no son iguales en todo el país. Mientras numerosos municipios mantienen precios relativamente estables (cada vez menos), las grandes áreas urbanas soportan una presión mucho mayor derivada del crecimiento de la demanda, la limitada oferta disponible y la elevada concentración de vivienda.

La discusión y el debate sobre la vivienda suele presentarse casi siempre como una confrontación entre personas que tienen una o dos viviendas en alquiler y los grandes fondos de inversión. Los datos muestran una realidad bastante más compleja.

Existe un amplio colectivo de personas consideradas pequeñas arrendadoras cuya situación poco tiene que ver con la de las grandes empresas inmobiliarias. Al mismo tiempo, se observa también una tendencia creciente hacia la concentración del parque de alquiler en manos de personas con múltiples viviendas y entidades jurídicas.

Ignorar cualquiera de estas dos realidades conduce a diagnósticos incompletos y, probablemente, a políticas que serán menos eficaces. El mercado del alquiler español no puede entenderse desde posiciones simplistas.

La cuestión relevante ya no es únicamente cuántos personas propietarias existen, sino qué porcentaje del parque controlan y cómo influye esa concentración sobre los precios, la oferta y el acceso a la vivienda.