Si la radiografía del
mercado del alquiler en España mostraba un problema estructural, Valladolid
ofrece un ejemplo muy ilustrativo de cómo esas dinámicas se trasladan al ámbito
local. La oferta de vivienda en alquiler se reduce, los precios continúan aumentando
año tras año, las viviendas de uso turístico siguen creciendo y, al mismo
tiempo, miles de viviendas permanecen vacías. Una combinación de factores que
obliga a preguntarse si el mercado está siendo capaz de responder a una
necesidad tan básica como el acceso a una vivienda digna y asequible para todo
tipo de personas, independientemente de su nivel económico.
Encontrar una vivienda
de alquiler en Valladolid se ha convertido en una tarea cada vez más
complicada. Basta con consultar uno de los principales portales inmobiliarios
del país para comprobar la escasez de oferta.
Actualmente apenas se
anuncian 250 viviendas en alquiler en la ciudad de Valladolid y 300
en toda la provincia. Son cifras muy reducidas para un territorio que
supera ampliamente el medio millón de habitantes y que concentra buena parte de
la actividad económica, universitaria y administrativa de Castilla y León.
La consecuencia de esta
escasez es conocida por cualquiera que haya intentado alquilar una vivienda en
los últimos años: mayor competencia entre quienes buscan piso y una presión
constante sobre los precios. Por lo tanto, cada vez es más difícil por no de
decir imposible hacerte con un techo donde desarrollar la vida.
Los precios no han
dejado de crecer. El alquiler ya cuesta un 37 % más que hace apenas tres
años. En 2023 el precio medio del alquiler en Valladolid se situaba en
torno a 7,6 euros por metro cuadrado. Un año después ascendía a 8,4
euros, en septiembre de 2025 alcanzaba los 9,3 euros, en diciembre
de 2025 los 9,6 euros por metro cuadrado y actualmente en junio de 2026
ya hablamos de 10 euros por metro cuadrado.
Traducido a una
vivienda media de unos 90 metros cuadrados, el cambio resulta muy gráfico.
Hace poco más de dos
años alquilar un piso suponía un desembolso aproximado de 675 euros
mensuales. Hoy esa misma vivienda alcanza de media los 900 euros. En
apenas dos años el incremento supera el 37 %, mientras que si la
comparación se realiza desde 2016 (hace diez años) el aumento acumulado
rebasa ya el 65 %.
Detrás de estos
porcentajes hay una realidad: cada vez son más las familias que necesitan
destinar una parte más creciente de sus ingresos para poder acceder y pagar el
alquiler de una vivienda. Hablamos de un porcentaje que se encuentra por
encima del 30-35% teniendo en cuenta los salarios medios y medianos de
Valladolid.
Otro de los fenómenos
que está transformando el mercado durante los últimos años está siendo el
crecimiento de las viviendas de uso turístico. Los datos muestran una evolución
especialmente significativa.
En 2024 el Ayuntamiento
de Valladolid tenía registradas alrededor de 40 o 45 licencias ambientales
para este tipo de alojamientos. Ese mismo año la Junta de Castilla y León
contabilizaba 167 viviendas turísticas autorizadas en toda la provincia.
Sin embargo, apenas un año después la cifra prácticamente se había duplicado. Durante
el verano de 2025 ya existían 337 viviendas turísticas registradas en la
provincia, de las cuales 152 se encontraban en la capital.
Actualmente ya son 200
las viviendas con licencia para este uso en la ciudad de Valladolid. Hablamos
de viviendas con licencia. Lo que nadie se le escapa es que existe un mayor
número de viviendas al que se le da este uso temporal y que carece de vivienda.
En 2025, antes de que
la normativa prohibiera a los portales web que hicieran difusión de este tipo
de viviendas para uso turístico y temporal sin licencia, las tres principales
plataformas especializadas ofertaban 629 viviendas turísticas en la
provincia, de las que 311 correspondían a Valladolid capital. Hoy
este número es aún mayor.
La comparación entre
ambas cifras apunta a una circunstancia que plantea interrogantes sobre la nula
capacidad de control que las administraciones local y autonómica tienen sobre
el impacto que esta oferta puede tener en el mercado residencial.
Un último dato a tener
en cuenta en nuestra provincia y ciudad. Mientras miles de personas encuentran
enormes dificultades para acceder a una vivienda en alquiler, más de 27.000
viviendas permanecen vacías en la provincia de Valladolid.
Según los datos del
Instituto Nacional de Estadística, existen 27.222 viviendas desocupadas,
lo que representa aproximadamente el 9,16 % del parque residencial
provincial.
Solo en la capital se
concentran alrededor de 9.500 viviendas vacías, aproximadamente el 35
% del total provincial. Es decir, una de cada tres viviendas vacías de toda
la provincia se encuentra precisamente en el municipio donde más difícil
resulta encontrar un alquiler asequible.
La situación de
Valladolid resulta llamativa, pero adquiere una dimensión aún mayor cuando se
analiza el conjunto de la Comunidad Autónoma. Castilla y León dispone de 1.829.895
viviendas, de las cuales 360.604 permanecen vacías. Esto supone
cerca del 20 % del parque residencial, una cifra que supera ampliamente
la media española.
En el conjunto del país
existen 26,6 millones de viviendas, de las que 3,8 millones están
vacías, alrededor del 14,4 %. En otras palabras, Castilla y León
presenta una proporción de vivienda vacía aproximadamente seis puntos
superior a la media nacional.
La explicación no puede
reducirse a un único factor. En algunas provincias
influyen el envejecimiento demográfico y la despoblación; en otras, la falta de
rehabilitación o la escasa rentabilidad esperada por quienes son personas propietarias.
En las ciudades con mercados más tensionados también intervienen el aumento
del alquiler turístico, la incertidumbre regulatoria y las dificultades para
movilizar vivienda hacia el mercado residencial.
En nuestra ciudad
coinciden varios de estas problemáticas al mismo tiempo: una oferta muy
reducida de viviendas en alquiler, el incremento continuado de los precios, el
crecimiento progresivo del uso de viviendas para alquiler turístico y/o
temporal y un importante volumen de viviendas que permanecen vacías.
La realidad demuestra que el acceso a la vivienda depende de múltiples factores que interactúan entre sí y que requieren políticas públicas capaces de actuar sobre todos ellos de manera coordinada.








