2026/08/01

RADIOGRAFÍA DEL MERCADO DEL ALQUILER EN ESPAÑA

Hablar del mercado del alquiler en España suele llevar a un debate polarizado. Hay quienes sostienen que el problema reside exclusivamente en los grandes fondos de inversión y quienes afirman que la mayoría del mercado sigue en manos de pequeños propietarios y propietarias. La realidad es bastante más compleja. Los datos disponibles muestran un mercado heterogéneo donde conviven millones de personas con un número muy limitado de propiedades con grandes tenedoras, sociedades mercantiles, entidades públicas y fondos de inversión. Comprender esa estructura resulta imprescindible para diseñar políticas de vivienda eficaces.

Cada vez que el precio del alquiler vuelve a ocupar titulares, reaparece la misma pregunta: ¿quién posee realmente las viviendas que se alquilan en España?

La respuesta no admite simplificaciones. Ni el mercado está dominado exclusivamente por grandes fondos, ni puede explicarse únicamente a través del personas propietarias que complementan su pensión o sus ingresos con una vivienda heredada.

El mercado del alquiler español presenta una estructura mucho más diversa y desigual de lo que suele trasladarse al debate político.

España cuenta con algo más de 3.000.000 de viviendas destinadas al alquiler residencial, según distintas estimaciones elaboradas a partir de información fiscal, estadística y administrativa. La Agencia Tributaria ha mejorado en los últimos años la información disponible mediante una nueva estadística basada en las declaraciones del IRPF y los datos catastrales, lo que permite conocer con bastante precisión el comportamiento de los propietarios particulares.

Sin embargo, esa información tiene una limitación importante: no recoge de forma completa las viviendas pertenecientes a sociedades mercantiles, por lo que para obtener una fotografía global es necesario combinar distintas fuentes oficiales. No obstante, tenemos una aproximación de los datos disponibles.

El 15% del total de las viviendas de alquiler, es decir, más de 400.000 viviendas, pertenecen a personas jurídicas. Esto incluye fondos de inversión, conocidos como fondos buitre, que controlan alrededor de 175.000 viviendas, y otro tipo de sociedades, que gestionan aproximadamente 270.000 viviendas. Sumando las 320.000 viviendas de titularidad pública (un 10% más), se concluye que una de cada cuatro viviendas en España está en manos de una institución, no de un particular.

El 75% restante, es decir, alrededor de 2,3 millones de viviendas, está en manos de personas particulares, según datos de la Agencia Tributaria. No obstante, el perfil de estas propietarias es muy diverso:

El 50,1% son personas que poseen una o dos viviendas. En total, se estima que hay 1.163.000 pequeños y pequeñas propietarias. Estas personas generan ingresos brutos de alrededor de 30.000 euros anuales por sus viviendas alquiladas.

Del otro lado, encontramos personas con múltiples viviendas, conocidas como rentistas:

·     Cerca de 1.000.000 de personas tienen entre 3 y 4 viviendas.

·     Otras 200.000 tienen entre 6 y 10 viviendas.

·     38.500 (aprox.) personas poseen más de 10 viviendas.



Los personas que son propietarias particulares continúan siendo el grupo más numeroso. Miles de familias obtienen una parte de sus ingresos del alquiler de una única vivienda, normalmente adquirida hace años o heredada. Este perfil sigue teniendo un peso importante dentro del mercado español y constituye una realidad que cualquier política pública debe tener presente.

No todas las personas son grandes inversoras ni obtienen rentabilidades extraordinarias. Para muchas economías familiares, el alquiler constituye un complemento de ingresos y no una actividad empresarial.

... pero también es cierto que la propiedad está cada vez más concentrada. Que exista un número importante y numeroso de personas propietarias no significa necesariamente que controlen la mayor parte del mercado.

Los estudios más recientes elaborados por el Ministerio de Derechos Sociales y Consumo junto con el CSIC muestran una tendencia clara: la concentración de viviendas en manos de personas propietarias de varias viviendas ha aumentado durante la última década.

Según este estudio, cuando se incorpora al análisis el conjunto del mercado (incluyendo personas jurídicas, empresas, fondos y vivienda pública) aproximadamente el 61 % de las viviendas en alquiler está controlado por personas multiarrendadoras y entidades jurídicas, mientras que las personas y familias con una única vivienda alquilada concentran alrededor del 39 % del parque arrendado.

Este dato cuestiona una idea muy extendida: aunque las personas que tienen una o dos viviendas en alquiler siguen siendo muy numerosas, ya no representan la mayor parte de la oferta disponible.

Los fondos de inversión existen, pero no explican por sí solos el mercado y los problemas para el acceso a una vivienda asequible. Los fondos de inversión poseen una parte significativa del parque residencial, especialmente en determinadas áreas metropolitanas, pero junto a ellos operan miles de sociedades patrimoniales, empresas inmobiliarias, SOCIMI, promotoras y particulares con múltiples inmuebles.

Reducir toda la estructura del mercado a los fondos de inversión impide comprender un fenómeno mucho más amplio: la creciente concentración de activos inmobiliarios en manos de grandes operadores económicos y de personas multipropietarias con carteras de varias viviendas.

El peso cambia según el territorio. En ciudades como Madrid, Barcelona, Palma o Valencia la presencia de personas con gran número de propietarios resulta considerablemente superior a la media nacional. Precisamente en estos mercados es donde el Ministerio de Consumo identifica mayores niveles de concentración del alquiler en manos de personas multiarrendadoras.



Estas diferencias ayudan a explicar por qué las tensiones del mercado no son iguales en todo el país. Mientras numerosos municipios mantienen precios relativamente estables (cada vez menos), las grandes áreas urbanas soportan una presión mucho mayor derivada del crecimiento de la demanda, la limitada oferta disponible y la elevada concentración de vivienda.

La discusión y el debate sobre la vivienda suele presentarse casi siempre como una confrontación entre personas que tienen una o dos viviendas en alquiler y los grandes fondos de inversión. Los datos muestran una realidad bastante más compleja.

Existe un amplio colectivo de personas consideradas pequeñas arrendadoras cuya situación poco tiene que ver con la de las grandes empresas inmobiliarias. Al mismo tiempo, se observa también una tendencia creciente hacia la concentración del parque de alquiler en manos de personas con múltiples viviendas y entidades jurídicas.

Ignorar cualquiera de estas dos realidades conduce a diagnósticos incompletos y, probablemente, a políticas que serán menos eficaces. El mercado del alquiler español no puede entenderse desde posiciones simplistas.

La cuestión relevante ya no es únicamente cuántos personas propietarias existen, sino qué porcentaje del parque controlan y cómo influye esa concentración sobre los precios, la oferta y el acceso a la vivienda.

2026/06/28

LA QUÍMICA TÓXICA EN LA CIUDAD

Cuando paseamos por un parque, una zona infantil o una acera con arbolado, damos por hecho que ese espacio es seguro para quienes lo utilizan: niños y niñas, personas mayores, mascotas o cualquier persona ciudadana que simplemente quiera disfrutar de un entorno saludable.

Sin embargo, detrás del mantenimiento de esas zonas verdes existe una cuestión que merece un debate público mucho más transparente: ¿qué productos químicos utiliza el Ayuntamiento de Valladolid para controlar la vegetación espontánea?

No se trata de generar alarma ni de demonizar cualquier tratamiento fitosanitario. Se trata de exigir información, transparencia y una gestión responsable cuando hablamos de productos que, según su propia clasificación oficial, presentan riesgos para la salud humana o para el medio ambiente.

Cinco meses fueron los que tardó el Ayuntamiento de Valladolid en facilitar el listado de sustancias químicas utilizadas para el trabajo en parques y jardines. Cinco meses que estuvieron intentando ocultar que algunas de ellas son muy nocivas para la salud de personas y medio ambiente.

La primera respuesta que dio entonces el Ayuntamiento hablaba del uso "solamente de sustancias no nocivas" y de "bajo riesgo" para el tratamiento de malezas. Cuando se hizo pública la lista de sustancias empleadas, el concejal responsable prometió para el año siguiente y para el resto de los años se dejarían de utilizar. Una promesa que por supuesto no se ha cumplido ni en el año 2025 y este 2026. Juzguen ustedes si aquel listado, es de sustancias “No Nocivas y de bajo riesgo":


·       Roundup ultra plus, glifosato 36%, 4 horas para la reentrada, es decir desde la aplicación hasta poder estar en la zona sin equipo de protección. Peligro a largo plazo crónico y tóxico para el medio ambiente acuático. Puede generar quemaduras graves en la piel y lesiones oculares graves. 

·      Glyfoon, glifosato 36%, El producto no es una sustancia, es una mezcla a base de Glifosato. Muy Tóxico para los organismos acuáticos, con efectos nocivos duraderos y lesiones oculares graves e irritación o corrosión cutáneas.

·     Premazor turbo, glifosato 25%, plazo reentrada 4 horas. Algunos de sus componentes provocan irritación ocular grave y son muy tóxicos para los organismos acuáticos, con efectos duraderos. Las manifestaciones clínicas que se pueden producir en caso de exposición y/o contacto son: Ulceración y erosión de la mucosa oral, alteraciones cardíacas, hepáticas y renales, irritación pulmonar por inhalación y dermatitis de contacto. 

·   Valdor flex, Diflufenican 36%, provoca irritación ocular grave. Toxicidad acuática aguda, muy tóxico para los organismos acuáticos, con efectos duraderos. 

·    Glimur green, Aliette WG, Spotlight y Pistolflex, cuatro sustancias más totalmente tóxicas para los organismos acuáticos y cualquier tipo de ecosistema, con efectos nocivos duraderos y que provocan graves irritaciones cutáneas y oculares y fuertes alergias.

Los tres primeros compuestos contienen Glifosato al 25% y 36%, una sustancia que cada vez más estudios relacionan directamente con la aparición de ciertos tipos de cáncer y leucemia incluso en dosis consideradas “seguras” y “legales”.

Todas las Agencias de Protección Ambiental afirman que el uso de este tipo de herbicidas pone en riesgo a especies de animales y plantas, así como sus hábitats y ecosistemas y por lo tanto afectan a la vida humana y de todo tipo de animales.

La extrema derecha política en la ciudad (PP y VOX), siempre han criticado el abandono de estos agentes químicos tóxicos para la salud de personas, animales y el medio ambiente, alegando que ralentizaba los trabajos de retirada de las malezas, considerando que el Ayuntamiento abandonaba las zonas verdes de la ciudad. Está claro que no les importa envenenar el aire que respiramos, el agua que bebemos y también el suelo que cultivamos.

Quienes defienden el empleo de estos productos suelen responder con un argumento sencillo: "Son productos autorizados." Y es cierto. Pero esa respuesta resulta insuficiente.

También están autorizados medicamentos con importantes efectos secundarios. También existen productos industriales legales cuya utilización exige estrictas medidas de protección. La verdadera cuestión no es únicamente si pueden utilizarse.

La pregunta es si deben utilizarse cuando existen alternativas mecánicas, térmicas o modelos de gestión integrada que eliminan el empleo de herbicidas químicos, aunque requieran una mayor inversión en personal o en maquinaria.  Si hay que contratar a más personas para realizar estos trabajos, hágase, la salud y la vida estarán siempre por encima de todo.


No sería una medida pionera: otras ciudades ya han reducido o eliminado estos herbicidas. Cuando se plantea limitar o eliminar el uso de herbicidas químicos en espacios públicos suele aparecer la misma objeción: "es imposible mantener una ciudad sin ellos".

Sin embargo, la experiencia de numerosos municipios españoles demuestra que existen alternativas viables cuando existe voluntad política, planificación y recursos suficientes.

Zaragoza: en julio de 2016 el Ayuntamiento de Zaragoza aprobó la prohibición del uso de glifosato y de cualquier herbicida de síntesis química en parques y zonas verdes municipales.

La decisión fue acompañada de la sustitución progresiva de estos productos por métodos mecánicos y manuales de control de la vegetación espontánea, en colaboración con las empresas concesionarias del servicio.

Barcelona: acordó en 2016 erradicar el uso del glifosato y otros herbicidas considerados tóxicos en espacios verdes y vía pública.

El Ayuntamiento estableció un periodo de transición para implantar métodos alternativos de mantenimiento, dentro de una estrategia de jardinería más sostenible y de reducción del uso de pesticidas urbanos.

El abandono del glifosato no ha sido exclusivo de las grandes capitales. Numerosos municipios españoles han aprobado acuerdos similares o han modificado sus contratos de mantenimiento para reducir o eliminar estos productos. Entre ellos figuran Badalona, Tarragona, Castellón de la Plana, Onda, Xirivella, Alzira, Valdemoro, Cabezón de la Sal, Fuencaliente, Planoles y nuestra propia ciudad, Valladolid los excluyó hasta la llegada del nuevo gobierno en 2023.

Ninguna de estas soluciones es jamás gratuita. Requieren más horas de trabajo y una reorganización del servicio. Pero precisamente ahí reside la decisión política: sustituir parte del gasto en productos químicos por inversión en mantenimiento y empleo. Ese es el camino.

2025/12/01

LA NECESIDAD DE UNA REVOLUCIÓN VERDE

El calor intenso está teniendo un impacto negativo en la ciudadanía, afectando de manera desproporcionada a los colectivos más vulnerables, como los niños, niñas y, especialmente, las personas mayores. En España, se estima que más de 2.000 personas murieron por temperaturas extremas en 2024, siendo el 95% de ellas mayores de 65 años. El pasado verano, cerca de 225 personas fallecieron en nuestra comunidad debido a las altas temperaturas siendo Castilla y León la tercera comunidad con mayor número de defunciones por esta causa, solo superada por Madrid y Cataluña.

En 2025, España estimó 3.832 muertes atribuibles al calor entre el 16 de mayo y el 30 de septiembre, un aumento del 87% respecto a 2024. De estas muertes, solo 25 fueron por golpe de calor directamente diagnosticado, la mayoría afectando a personas mayores con factores de riesgo. El sistema MoMo del Ministerio de Sanidad es el encargado de realizar esta monitorización. Con 351 fallecimientos atribuibles a altas temperaturas, 126 más que el año pasado, nuestra Comunidad registra este año, el segundo peor dato tras 2022.

La mortalidad relacionada con el calor ha aumentado un 94% en Europa desde el año 2000. Así lo indicó el informe The Lancet Countdown Europe 2024, publicado en The Lancet Public Health, que estudia el impacto del cambio climático sobre la salud. Un trabajo que analiza más de 40 indicadores que relacionan salud y clima, en el que han participado 42 instituciones.

El cambio climático no es un escenario teórico para un futuro lejano: ya está aquí y mata. La salud de las personas debería de estar en el centro de la acción climática y la prioridad de las políticas públicas debería ser la de adoptar medidas eficaces para proteger a la ciudadanía. España lidera el incremento de muertes por calor en Europa.

En nuestra ciudad como en el resto de España, no se está actuando lo suficiente. Es crucial implementar más medidas tanto de adaptación como sobre todo de mitigación. Si acudimos a los datos, estos nunca mienten. En nuestra ciudad, si comparamos las temperaturas medias anuales desde el año 2000 hasta la actualidad, veremos que algo está cambiando y la tendencia es continuar haciéndolo y cada vez más rápido.

En el año 2000 la temperatura media anual se situaba en los 12,3ºC, en 2015 subió hasta los 13ºC y actualmente está por encima de los 14,4ºC. El incremento es de más de 2º C en los últimos 25 años. Si hablamos del año actual, 2025 presenta una temperatura media de 15,8ºC hasta el momento, 3,5ºC que hace 10 años, algo impensable y muy peligroso.


Si hablamos de temperatura mínima media anual, pasamos de los 7ºC en el año 2000 a los 8,5ºC actuales.

Por último, la media de temperaturas máximas ha pasado de los 18,7ºC a los más de 20,5ºC en 2024 y las temperaturas máximas registradas de los 36,8ºC a los casi 40ºC del verano pasado, 3ºC más.

El Ministerio de Sanidad publicó en 2023 el Plan Nacional de Acciones Preventivas contra los efectos del exceso de calor en la salud. Este plan establece que, en Valladolid, el umbral crítico a partir del cual aumentan significativamente los riesgos de golpes de calor y la mortalidad relacionada con las altas temperaturas es de 36ºC. El pasado verano de 2024, desde el día 1 de julio al 31 de agosto, Valladolid registró 42 días en los que el termómetro estuvo por encima de los 30 grados, 23 días con temperaturas por encima de los 35 grados y 13 de esos días, superando los 37ºC. En 2025, el escenario no ha sido mejor, 37 han sido los días que han superado los 30 grados.

Además, según varias investigaciones, las mujeres tienen el doble de riesgo de morir por calor, y también las personas con menos ingresos, en parte por su mayor exposición a la inseguridad alimentaria, por sus trabajos más expuestos al aire libre y por supuesto, la gente mayor. Muchas de estas últimas, viven solas en la ciudad, sin posibilidad de desplazarse durante los episodios de calor extremo. La soledad es un factor de vulnerabilidad que no se puede pasar por alto.

Los datos no dejan duda y la respuesta debe de estar a la altura. Es necesario, por ejemplo, identificar las ubicaciones para establecer una red de refugios climáticos y su puesta en marcha. Por su puesto, encontrarse con la eliminación constante de más de 1.000 árboles en el interior de la ciudad, muchos de ellos de gran porte que ofrecían sombra, no es jamás una buena política medioambiental.

Es urgente aumentar las zonas verdes y el arbolado en cualquier ciudad.  Su impacto es positivo en el bienestar de la gente y por supuesto ayuda a la mejora del entorno y del medio ambiente favoreciendo el mantenimiento de la biodiversidad. Hablamos también de la mejora de la salud física y mental, la reducción de la contaminación, la mitigación del cambio climático y lo que es aún más importante en una ciudad, la creación de espacios para la socialización y el disfrute comunitario.

Es imprescindible la creación de nuevos parques, jardines y zonas verdes en las ciudades, asegurando que cada barrio y sobre todo el centro de las ciudades (el espacio normalmente que cuenta con menor arbolado) tengan acceso cercano a estos espacios verdes. Esto se consigue solo aumentando el arbolado y la masa forestal en la ciudad, con especial cuidado en aquellos lugares con escasa cobertura vegetal, priorizando especies autóctonas o adaptadas al clima local y con alto valor ecológico.

No podemos olvidarnos jamás de la pedagogía. El desarrollo de programas educativos y actividades comunitarias que promuevan el cuidado y la valoración de los espacios verdes e involucrar a la ciudadanía en la planificación y gestión de estos espacios, son iniciativas que han pasado de ser optativas a temas relevantes obligatorios para trabajar con todos los grupos de edad. Nos va la vida en ello y se nos acaba el tiempo. Si queremos un presente y un futuro digno y apropiado para la vida de nuestras generaciones futuras, es el tiempo de actuar.