Cuando paseamos por un
parque, una zona infantil o una acera con arbolado, damos por hecho que ese
espacio es seguro para quienes lo utilizan: niños y niñas, personas mayores,
mascotas o cualquier persona ciudadana que simplemente quiera disfrutar de un
entorno saludable.
Sin embargo, detrás del
mantenimiento de esas zonas verdes existe una cuestión que merece un debate
público mucho más transparente: ¿qué productos químicos utiliza el Ayuntamiento
de Valladolid para controlar la vegetación espontánea?
No se trata de generar
alarma ni de demonizar cualquier tratamiento fitosanitario. Se trata de exigir
información, transparencia y una gestión responsable cuando hablamos de
productos que, según su propia clasificación oficial, presentan riesgos para la
salud humana o para el medio ambiente.
Cinco meses fueron los
que tardó el Ayuntamiento de Valladolid en facilitar el listado de
sustancias químicas utilizadas para el trabajo en parques y jardines. Cinco
meses que estuvieron intentando ocultar que algunas de ellas son muy nocivas
para la salud de personas y medio ambiente.
La primera respuesta
que dio entonces el Ayuntamiento hablaba del uso "solamente de
sustancias no nocivas" y de "bajo riesgo" para
el tratamiento de malezas. Cuando se hizo pública la lista de sustancias
empleadas, el concejal responsable prometió para el año siguiente y para el
resto de los años se dejarían de utilizar. Una promesa que por supuesto no se
ha cumplido ni en el año 2025 y este 2026. Juzguen ustedes si aquel listado, es
de sustancias “No Nocivas y de bajo riesgo":
·
Roundup ultra plus, glifosato 36%, 4
horas para la reentrada, es decir desde la aplicación hasta poder estar en la
zona sin equipo de protección. Peligro a largo plazo crónico y tóxico para el
medio ambiente acuático. Puede generar quemaduras graves en la piel y lesiones
oculares graves.
· Glyfoon,
glifosato 36%, El producto no es una sustancia, es una mezcla
a base de Glifosato. Muy Tóxico para los organismos acuáticos, con efectos
nocivos duraderos y lesiones oculares graves e irritación o corrosión
cutáneas.
· Premazor turbo, glifosato 25%, plazo
reentrada 4 horas. Algunos de sus componentes provocan irritación ocular grave
y son muy tóxicos para los organismos acuáticos, con efectos duraderos. Las
manifestaciones clínicas que se pueden producir en caso de exposición y/o
contacto son: Ulceración y erosión de la mucosa oral, alteraciones
cardíacas, hepáticas y renales, irritación pulmonar por inhalación y dermatitis
de contacto.
· Valdor flex, Diflufenican 36%,
provoca irritación ocular grave. Toxicidad acuática aguda, muy tóxico
para los organismos acuáticos, con efectos duraderos.
· Glimur green, Aliette WG, Spotlight y Pistolflex, cuatro sustancias más totalmente tóxicas para los organismos acuáticos y cualquier tipo de ecosistema, con efectos nocivos duraderos y que provocan graves irritaciones cutáneas y oculares y fuertes alergias.
Los tres primeros
compuestos contienen Glifosato al 25% y 36%, una sustancia que cada vez
más estudios relacionan directamente con la aparición de ciertos tipos de
cáncer y leucemia incluso en dosis consideradas “seguras” y “legales”.
Todas las Agencias
de Protección Ambiental afirman que el uso de este tipo de herbicidas pone en
riesgo a especies de animales y plantas, así como sus hábitats y ecosistemas y
por lo tanto afectan a la vida humana y de todo tipo de animales.
La extrema derecha política
en la ciudad (PP y VOX), siempre han criticado el abandono de estos agentes
químicos tóxicos para la salud de personas, animales y el medio ambiente,
alegando que ralentizaba los trabajos de retirada de las malezas, considerando
que el Ayuntamiento abandonaba las zonas verdes de la ciudad. Está claro que no
les importa envenenar el aire que respiramos, el agua que bebemos y también el
suelo que cultivamos.
Quienes defienden el
empleo de estos productos suelen responder con un argumento sencillo: "Son
productos autorizados." Y es cierto. Pero esa respuesta resulta
insuficiente.
También están
autorizados medicamentos con importantes efectos secundarios. También existen
productos industriales legales cuya utilización exige estrictas medidas de
protección. La verdadera cuestión no es únicamente si pueden utilizarse.
La pregunta es si deben
utilizarse cuando existen alternativas mecánicas, térmicas o modelos de gestión
integrada que eliminan el empleo de herbicidas químicos, aunque requieran una
mayor inversión en personal o en maquinaria.
Si hay que contratar a más personas para realizar estos trabajos,
hágase, la salud y la vida estarán siempre por encima de todo.
No sería una medida
pionera: otras ciudades ya han reducido o eliminado estos herbicidas. Cuando
se plantea limitar o eliminar el uso de herbicidas químicos en espacios
públicos suele aparecer la misma objeción: "es imposible mantener una
ciudad sin ellos".
Sin embargo, la
experiencia de numerosos municipios españoles demuestra que existen
alternativas viables cuando existe voluntad política, planificación y recursos
suficientes.
Zaragoza: en
julio de 2016 el Ayuntamiento de Zaragoza aprobó la prohibición del uso de
glifosato y de cualquier herbicida de síntesis química en parques y zonas
verdes municipales.
La decisión fue
acompañada de la sustitución progresiva de estos productos por métodos
mecánicos y manuales de control de la vegetación espontánea, en colaboración
con las empresas concesionarias del servicio.
Barcelona:
acordó en 2016 erradicar el uso del glifosato y otros herbicidas considerados
tóxicos en espacios verdes y vía pública.
El Ayuntamiento
estableció un periodo de transición para implantar métodos alternativos de
mantenimiento, dentro de una estrategia de jardinería más sostenible y de
reducción del uso de pesticidas urbanos.
El abandono del
glifosato no ha sido exclusivo de las grandes capitales. Numerosos municipios
españoles han aprobado acuerdos similares o han modificado sus contratos de
mantenimiento para reducir o eliminar estos productos. Entre ellos figuran
Badalona, Tarragona, Castellón de la Plana, Onda, Xirivella, Alzira, Valdemoro,
Cabezón de la Sal, Fuencaliente, Planoles y nuestra propia ciudad, Valladolid
los excluyó hasta la llegada del nuevo gobierno en 2023.
Ninguna de estas soluciones es jamás gratuita. Requieren más horas de trabajo y una reorganización del servicio. Pero precisamente ahí reside la decisión política: sustituir parte del gasto en productos químicos por inversión en mantenimiento y empleo. Ese es el camino.



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