2025/12/01

LA NECESIDAD DE UNA REVOLUCIÓN VERDE

El calor intenso está teniendo un impacto negativo en la ciudadanía, afectando de manera desproporcionada a los colectivos más vulnerables, como los niños, niñas y, especialmente, las personas mayores. En España, se estima que más de 2.000 personas murieron por temperaturas extremas en 2024, siendo el 95% de ellas mayores de 65 años. El pasado verano, cerca de 225 personas fallecieron en nuestra comunidad debido a las altas temperaturas siendo Castilla y León la tercera comunidad con mayor número de defunciones por esta causa, solo superada por Madrid y Cataluña.

En 2025, España estimó 3.832 muertes atribuibles al calor entre el 16 de mayo y el 30 de septiembre, un aumento del 87% respecto a 2024. De estas muertes, solo 25 fueron por golpe de calor directamente diagnosticado, la mayoría afectando a personas mayores con factores de riesgo. El sistema MoMo del Ministerio de Sanidad es el encargado de realizar esta monitorización. Con 351 fallecimientos atribuibles a altas temperaturas, 126 más que el año pasado, nuestra Comunidad registra este año, el segundo peor dato tras 2022.

La mortalidad relacionada con el calor ha aumentado un 94% en Europa desde el año 2000. Así lo indicó el informe The Lancet Countdown Europe 2024, publicado en The Lancet Public Health, que estudia el impacto del cambio climático sobre la salud. Un trabajo que analiza más de 40 indicadores que relacionan salud y clima, en el que han participado 42 instituciones.

El cambio climático no es un escenario teórico para un futuro lejano: ya está aquí y mata. La salud de las personas debería de estar en el centro de la acción climática y la prioridad de las políticas públicas debería ser la de adoptar medidas eficaces para proteger a la ciudadanía. España lidera el incremento de muertes por calor en Europa.

En nuestra ciudad como en el resto de España, no se está actuando lo suficiente. Es crucial implementar más medidas tanto de adaptación como sobre todo de mitigación. Si acudimos a los datos, estos nunca mienten. En nuestra ciudad, si comparamos las temperaturas medias anuales desde el año 2000 hasta la actualidad, veremos que algo está cambiando y la tendencia es continuar haciéndolo y cada vez más rápido.

En el año 2000 la temperatura media anual se situaba en los 12,3ºC, en 2015 subió hasta los 13ºC y actualmente está por encima de los 14,4ºC. El incremento es de más de 2º C en los últimos 25 años. Si hablamos del año actual, 2025 presenta una temperatura media de 15,8ºC hasta el momento, 3,5ºC que hace 10 años, algo impensable y muy peligroso.


Si hablamos de temperatura mínima media anual, pasamos de los 7ºC en el año 2000 a los 8,5ºC actuales.

Por último, la media de temperaturas máximas ha pasado de los 18,7ºC a los más de 20,5ºC en 2024 y las temperaturas máximas registradas de los 36,8ºC a los casi 40ºC del verano pasado, 3ºC más.

El Ministerio de Sanidad publicó en 2023 el Plan Nacional de Acciones Preventivas contra los efectos del exceso de calor en la salud. Este plan establece que, en Valladolid, el umbral crítico a partir del cual aumentan significativamente los riesgos de golpes de calor y la mortalidad relacionada con las altas temperaturas es de 36ºC. El pasado verano de 2024, desde el día 1 de julio al 31 de agosto, Valladolid registró 42 días en los que el termómetro estuvo por encima de los 30 grados, 23 días con temperaturas por encima de los 35 grados y 13 de esos días, superando los 37ºC. En 2025, el escenario no ha sido mejor, 37 han sido los días que han superado los 30 grados.

Además, según varias investigaciones, las mujeres tienen el doble de riesgo de morir por calor, y también las personas con menos ingresos, en parte por su mayor exposición a la inseguridad alimentaria, por sus trabajos más expuestos al aire libre y por supuesto, la gente mayor. Muchas de estas últimas, viven solas en la ciudad, sin posibilidad de desplazarse durante los episodios de calor extremo. La soledad es un factor de vulnerabilidad que no se puede pasar por alto.

Los datos no dejan duda y la respuesta debe de estar a la altura. Es necesario, por ejemplo, identificar las ubicaciones para establecer una red de refugios climáticos y su puesta en marcha. Por su puesto, encontrarse con la eliminación constante de más de 1.000 árboles en el interior de la ciudad, muchos de ellos de gran porte que ofrecían sombra, no es jamás una buena política medioambiental.

Es urgente aumentar las zonas verdes y el arbolado en cualquier ciudad.  Su impacto es positivo en el bienestar de la gente y por supuesto ayuda a la mejora del entorno y del medio ambiente favoreciendo el mantenimiento de la biodiversidad. Hablamos también de la mejora de la salud física y mental, la reducción de la contaminación, la mitigación del cambio climático y lo que es aún más importante en una ciudad, la creación de espacios para la socialización y el disfrute comunitario.

Es imprescindible la creación de nuevos parques, jardines y zonas verdes en las ciudades, asegurando que cada barrio y sobre todo el centro de las ciudades (el espacio normalmente que cuenta con menor arbolado) tengan acceso cercano a estos espacios verdes. Esto se consigue solo aumentando el arbolado y la masa forestal en la ciudad, con especial cuidado en aquellos lugares con escasa cobertura vegetal, priorizando especies autóctonas o adaptadas al clima local y con alto valor ecológico.

No podemos olvidarnos jamás de la pedagogía. El desarrollo de programas educativos y actividades comunitarias que promuevan el cuidado y la valoración de los espacios verdes e involucrar a la ciudadanía en la planificación y gestión de estos espacios, son iniciativas que han pasado de ser optativas a temas relevantes obligatorios para trabajar con todos los grupos de edad. Nos va la vida en ello y se nos acaba el tiempo. Si queremos un presente y un futuro digno y apropiado para la vida de nuestras generaciones futuras, es el tiempo de actuar.

2025/11/01

LA IMPORTANCIA DE LA SALUD MENTAL

La salud mental, tradicionalmente la parte más desatendida de la medicina pública, alcanza hoy un carácter casi pandémico, especialmente entre jóvenes y adolescentes, y su tratamiento se ve dificultado tanto por la falta de estrategias concretas, la escasez de una red adecuada de profesionales como por la estigmatización más o menos velada que arrastran aún los enfermos.

Basta pocos datos para comprender la magnitud de problema: el 9% de la población tiene algún tipo de problema de salud mental (el 3% de graves dimensiones); casi un 7% por ciento de los españoles sufre problemas diagnosticados de ansiedad; un 4% por ciento, trastornos depresivos; 2,5 millones de personas consumen diariamente algún tipo de psicofármacos y casi la mitad de los jóvenes declara padecer algún problema (7,3 millones).

En España, el suicidio ha tomado un cariz alarmante, convirtiéndose en una “pandemia silenciosa” que ha mostrado un incremento preocupante. Esta situación se consolidó como la principal causa de muerte no natural en 2021 y 2022, según datos del Observatorio del Suicidio en España. El INE reveló que, en 2021, 4.003 personas perdieron la vida por suicidio en el país, 4.097 en 2022, 4.116 en 2023 siendo esta cifra predominantemente masculina, con una tasa 3 veces superior al de mujeres. Lo que vienen a ser algo más de 11,3 suicidios cada día.

Un dato que resalta son las cifras de suicidios en menores de 15 años, que pasaron de 14 en 2020 a 22 en 2021 y que afortunadamente vuelve a reducirse a 12 en el año 2022 y 10 en 2023. No obstante, el grupo de 15 a 29 años sigue aumentando cada año, pasando de 316 a 333 suicidios en 2022 y 354 en 2023, estando por encima de las muertes en accidentes de tráfico.

Centrándonos en Castilla y León, en 2021 se registraron 236 muertes por suicidio, distribuidas en 168 hombres y 68 mujeres. Esto representó un incremento del 3,5% en comparación con 2020. 200 fueron las muertes por esta causa en 2023, 141 hombres y 59 mujeres y de 197 en 2024. La tendencia en Castilla y León ha fue ascendente, con un aumento constante de muertes por suicidio desde 2017 y se mantiene estable y en descenso en la actualidad.

La Organización Mundial de la Salud ha establecido objetivos claros: reducir la tasa de mortalidad por suicidio en un tercio para el año 2030. Vamos tarde, una vez más. La situación ya era crítica antes de la pandemia, pero se ha exacerbado con la llegada del coronavirus. Las cifras del INE confirman las advertencias de profesionales de la medicina y psiquiatría sobre el deterioro de la salud mental debido a la pandemia, confinamientos y crisis económica que nos han afectado en los últimos años.

La importancia de las políticas públicas de salud mental es innegable. Estas políticas no solo deben centrarse en el tratamiento, sino también y sobre todo en la prevención y detección temprana. La formación adecuada de los profesionales de salud, así como el resto de grupos clave como los pueden ser los equipos docentes, trabajadores públicos y también población en general, es esencial para identificar a las personas en riesgo y proporcionarles el apoyo necesario.

La situación de la salud mental en España, y en particular en Castilla y León, es preocupante. A pesar de la creciente necesidad de atención, el sistema muestra una baja capacidad de respuesta. España cuenta con menos psiquiatras y psicólogos clínicos que la media europea, enfrentándose con pocos recursos a un pico histórico de suicidios infantiles. Recordemos las cifras del año 2021, 22 niños menores de 15 años se suicidaron, un 57% más que en 2020.

Aunque esta última cifra parece remitir en los últimos informes de 2022, no debemos olvidar que el 30% de los niños, niñas y adolescentes han tenido ideaciones suicidas, que el 14% en edad escolar tiene síntomas graves de ansiedad, un 6% de depresión y se han recibido más de 4.500 llamadas con tendencia suicida atendidas por el teléfono de la fundación ANAR en el año 2022. La cifras en Valladolid son preocupantes, 18.000 jóvenes manifiestas vivir una soledad no deseada. Una de cada cuatro personas de entre 16 y 29 años se encuentra en una situación que afecta con más frecuencia a mujeres y a miembros de hogares con rentas bajas.

La Junta de Castilla y León, por su parte, carece de un Plan de Salud Mental propio y creemos que no se puede seguir esperando por más tiempo que exista uno eficaz y actualizado más allá de una simple estrategia, para desarrollar políticas propias que combatan esta problemática. Debemos de adelantarnos y trabajar con esfuerzo. Es crucial que se tomen medidas urgentes, aunque estas comiencen siendo sencillas, para fortalecer el sistema de salud mental.

Todos estos indicadores revelan que la ciudadanía se siente vulnerable por múltiples factores, como la precariedad económica, las condiciones de trabajo, el aislamiento social (esa soledad no deseada de muchas de nuestras personas mayores), las expectativas de futuro, la presión sobre modelos estéticos y sociales ampliados por las redes sociales – especialmente, entre los más jóvenes - o, incluso, un modelo socio-cultural que ensalza las emociones como forma de relacionarse con la realidad que les rodea.

Por lo tanto, las respuestas deben de estar alejadas de miradas simplistas, la salud de las personas no entiende de colores políticos, no es de un lado ni de otro, todos y todas podemos vernos afectadas. Cierro la intervención con un último dato: 1 de cada 4 personas tendrá algún tipo de enfermedad mental a lo largo de su vida. Todos y todas tenemos en nuestros círculos personas con algún tipo de enfermedad mental y es muy posible que también, alguna persona cercana a nuestras vidas nos haya dejado antes de tiempo por no ser capaces de verlo a tiempo.

Es tiempo de ser valientes.

2025/10/01

CARTA A LOS SIN DERECHO


Hace 475 años, en Valladolid, se produjo un debate que sentó las bases de lo que hoy entendemos como derechos humanos. Fray Bartolomé de las Casas defendió con firmeza que las personas indígenas americanas eran seres humanos plenos de derecho y personas dignas de libertad y respeto.

Aquella Controversia de Valladolid de 1550, no solo cuestionó la legitimidad de la conquista, sino que dio lugar a una reflexión universal sobre la dignidad humana. Hoy, en un mundo donde resurgen discursos que niegan estos principios, su legado es más urgente que nunca.

El posicionamiento de Bartolomé de las Casas desmontó la cruel mentira de que algunos pueblos merecen ser dominados por ser “inferiores” y demostró que los derechos no son concesiones que hace el poder, sino que son y deben ser inherentes a toda persona, sin excepción alguna. Al igual que hiciera el, hoy debemos rechazar cualquier argumento que clasifique a las personas en “dignas” e “indignas”, “legales” e “ilegales”.

En 1948, las Naciones Unidas retomaron este espíritu en la Declaración Universal de Derechos Humanos, donde se afirma que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”.

Pero hoy, la extrema derecha vuelve a cuestionar estos principios con argumentos que buscan dividir nuestra sociedad diciendo que “los derechos humanos son privilegios para algunos”, que “la soberanía está por encima de la dignidad", o que “hay culturas inferiores”. No son ideas nuevas, son simplemente ideas que vienen del pasado cubiertas de un fino envoltorio de modernidad.

De las Casas defendió que la dignidad no depende de la cultura o la religión. Hoy, debemos recordar que las personas migrantes, las personas refugiadas y las minorías tienen y tenemos los mismos derechos en cualquier parte del mundo.

 

La Controversia de Valladolid no terminó en 1551, su eco resuena en cada lucha contra el racismo, la xenofobia, la LGTBIfobia y cualquier desigualdad. Frente a quienes quieren que retrocedamos en derechos, debemos reivindicar la importancia de construir sociedades donde quepamos todos y todas. Elijamos el mismo camino que Bartolomé de las Casas, elijamos el lado de la humanidad.

Nuestra sociedad lleva décadas de lucha caminando hacia la inclusión, la justicia social y el reconocimiento de la dignidad universal, pero la extrema derecha insiste una vez más en romper todos los puentes y en construir muros físicos e ideológicos, para dividir a la humanidad entre “nosotros, nosotras” y “ellos, ellas”.

Su ideología y argumentario, basado en el miedo, la exclusión y la demonización de quién es diferente, no es nueva. Sigue siendo la misma que siglos atrás justificó la esclavitud, el colonialismo y el fascismo, solo que ahora lo envuelven como la “defensa de la identidad” y la “protección de los valores tradicionales”. No nos equivoquemos, su objetivo es el mismo, erosionar y quemar la carta que contiene los principios y valores irrenunciables que costaron siglos de luchas.

La extrema derecha, trata estos derechos como un simple catálogo o listado del que se puede tachar lo que no les gusta. Niegan el derecho de las personas a migrar y buscar una vida mejor, niegan la violencia machista, atacan la igualdad de género y la lucha histórica de las mujeres feministas, como si ellas fueran enemigas de la sociedad cuando han demostrado y demuestran que siempre están dispuestas a luchar por los derechos de todas y todos.

La extrema derecha, criminaliza cada día a las personas que buscan refugio, como si tener que huir de la guerra o el hambre fuera un delito o algo ilegal. Su discurso es tramposo, desea imponer su pensamiento único y mantener sus privilegios a costa de los derechos de las demás.

Idolatran y se fotografían con fascistas y genocidas como Viktor Orbán, Marine Le Pen, Javier Milei, Mateo Salvini, Giorgia Meloni, Vladimir Putin, Benjamin Netanyahu y Donal Trump, que no son defensores ni de la libertad ni de la democracia; son comerciantes del miedo, que usan a las personas migrantes, a las feministas, a las personas LGTBIQ+ y a las personas más vulnerables como chivos expiatorios para fabricar enemigos y enemigas.

La extrema derecha en este país es aquella que buzonea nuestros barrios y nuestras calles con publicidad vomitiva, racista y xenófoba sobre las personas migrantes, mientras los demás miramos hacia otro lado. Somos cómplices con nuestro silencio de que en nuestra ciudad se instale el discurso de odio hacia aquellas personas que llegan desde otros lugares del mundo.

Con nuestro silencio permitimos que esta basura ideológica y fascista se deposite en los buzones en vez de tirarlos a los contenedores de papel. Les aseguro que toda esta bazofia cabe perfectamente, aunque siempre estén llenos en nuestra ciudad. Esta basura es suya, y suya también la responsabilidad de tener limpia la ciudad.

Cuando una persona cercana o no, manifiesta argumentarios machistas, racistas, xenófobos y homófobos y hace política en las instituciones o en la calle vertiendo mentiras y publicidad que hace apología del racismo y del machismo, invitando a discursos de odio y a ejercer violencia institucional, lo siento, pero son personas con ideología y pensamiento fascista y seguramente simpatizantes de partidos de ideología y políticas de extrema derecha, racistas y machistas.

Ante toda esta ofensiva, no basta con la indignación. Hay que actuar. Martin Luther King afirmó: “Lo que más me preocupa no es el grito de los violentos, sino el silencio de las personas buenas". La batalla contra el discurso de odio se libra en las urnas, pero también en las calles, en las aulas y en los medios de comunicación, desmontando todas sus mentiras con datos y exigiendo responsabilidades a quienes difunden odio. Señores, señoras y especialmente a quienes son más jóvenes, tenemos la enorme responsabilidad de trazar una línea roja ante esta barbarie. No podemos permitir que este discurso tan peligroso se instale en nuestras calles y en nuestra ciudad. No se puede seguir mirando hacia otro lado, tenemos por delante una tremenda batalla cultural.