2025/11/01

LA IMPORTANCIA DE LA SALUD MENTAL

La salud mental, tradicionalmente la parte más desatendida de la medicina pública, alcanza hoy un carácter casi pandémico, especialmente entre jóvenes y adolescentes, y su tratamiento se ve dificultado tanto por la falta de estrategias concretas, la escasez de una red adecuada de profesionales como por la estigmatización más o menos velada que arrastran aún los enfermos.  

Basta pocos datos para comprender la magnitud de problema: el 9% de la población tiene algún tipo de problema de salud mental (el 3% de graves dimensiones); casi un 7% por ciento de los españoles sufre problemas diagnosticados de ansiedad; un 4% por ciento, trastornos depresivos; 2,5 millones de personas consumen diariamente algún tipo de psicofármacos y casi la mitad de los jóvenes declara padecer algún problema (7,3 millones). 

En España, el suicidio ha tomado un cariz alarmante, convirtiéndose en una pandemia silenciosa que ha mostrado un incremento preocupante. Esta situación se consolidó como la principal causa de muerte no natural en 2021 y 2022, según datos del Observatorio del Suicidio en España. El INE reveló que, en 2021, 4.003 personas perdieron la vida por suicidio en el país, 4.097 en 2022, 4.116 en 2023 siendo esta cifra predominantemente masculina, con una tasa 3 veces superior al de mujeres. Lo que vienen a ser algo más de 11,3 suicidios cada día. 

Un dato que resalta son las cifras de suicidios en menores de 15 años, que pasaron de 14 en 2020 a 22 en 2021 y que afortunadamente vuelve a reducirse a 12 en el año 2022 y 10 en 2023. No obstante, el grupo de 15 a 29 años sigue aumentando cada año, pasando de 316 a 333 suicidios en 2022 y 354 en 2023, estando por encima de las muertes en accidentes de tráfico. 

Centrándonos en Castilla y León, en 2021 se registraron 236 muertes por suicidio, distribuidas en 168 hombres y 68 mujeres. Esto representó un incremento del 3,5% en comparación con 2020. 200 fueron las muertes por esta causa en 2023, 141 hombres y 59 mujeres y de 197 en 2024. La tendencia en Castilla y León ha fue ascendente, con un aumento constante de muertes por suicidio desde 2017 y se mantiene estable y en descenso en la actualidad. 



La Organización Mundial de la Salud ha establecido objetivos claros
: reducir la tasa de mortalidad por suicidio en un tercio para el año 2030. Vamos tarde, una vez más. La situación ya era crítica antes de la pandemia, pero se ha exacerbado con la llegada del coronavirus. Las cifras del INE confirman las advertencias de profesionales de la medicina y psiquiatría sobre el
deterioro de la salud mental debido a la pandemia, confinamientos y crisis económica que nos han afectado en los últimos años. 

La importancia de las políticas públicas de salud mental es innegable. Estas políticas no solo deben centrarse en el tratamiento, sino también y sobre todo en la prevención y detección temprana. La formación adecuada de los profesionales de salud, así como el resto de grupos clave como los pueden ser los equipos docentes, trabajadores públicos y también población en general, es esencial para identificar a las personas en riesgo y proporcionarles el apoyo necesario. 

La situación de la salud mental en España, y en particular en Castilla y León, es preocupante. A pesar de la creciente necesidad de atención, el sistema muestra una baja capacidad de respuesta. España cuenta con menos psiquiatras y psicólogos clínicos que la media europea, enfrentándose con pocos recursos a un pico histórico de suicidios infantiles. Recordemos las cifras del año 2021, 22 niños menores de 15 años se suicidaron, un 57% más que en 2020.  

Aunque esta última cifra parece remitir en los últimos informes de 2022, no debemos olvidar que el 30% de los niños, niñas y adolescentes han tenido ideaciones suicidas, que el 14% en edad escolar tiene síntomas graves de ansiedad, un 6% de depresión y se han recibido más de 4.500 llamadas con tendencia suicida atendidas por el teléfono de la fundación ANAR en el año 2022. La cifras en Valladolid son preocupantes, 18.000 jóvenes manifiestas vivir una soledad no deseada. Una de cada cuatro personas de entre 16 y 29 años se encuentra en una situación que afecta con más frecuencia a mujeres y a miembros de hogares con rentas bajas.



La Junta de Castilla y León, por su parte, carece de un Plan de Salud Mental propio y creemos que no se puede seguir esperando por más tiempo que exista uno eficaz y actualizado más allá de una simple estrategia, para desarrollar políticas propias que combatan esta problemática. Debemos de adelantarnos y trabajar con esfuerzo. Es crucial que se tomen medidas urgentes, aunque estas comiencen siendo sencillas, para fortalecer el sistema de salud mental. 

Todos estos indicadores revelan que la ciudadanía se siente vulnerable por múltiples factores, como la precariedad económica, las condiciones de trabajo, el aislamiento social (esa soledad no deseada de muchas de nuestras personas mayores), las expectativas de futuro, la presión sobre modelos estéticos y sociales ampliados por las redes sociales – especialmente, entre los más jóvenes - o, incluso, un modelo socio-cultural que ensalza las emociones como forma de relacionarse con la realidad que les rodea.  

Por lo tanto, las respuestas deben de estar alejadas de miradas simplistas, la salud de las personas no entiende de colores políticos, no es de un lado ni de otro, todos y todas podemos vernos afectadas. Cierro la intervención con un último dato: 1 de cada 4 personas tendrá algún tipo de enfermedad mental a lo largo de su vida. Todos y todas tenemos en nuestros círculos personas con algún tipo de enfermedad mental y es muy posible que también, alguna persona cercana a nuestras vidas nos haya dejado antes de tiempo por no ser capaces de verlo a tiempo. 

Es tiempo de ser valientes. 

2025/10/01

CARTA A LOS SIN DERECHO


Hace 475 años, en Valladolid, se produjo un debate que sentó las bases de lo que hoy entendemos como derechos humanos. Fray Bartolomé de las Casas defendió con firmeza que las personas indígenas americanas eran seres humanos plenos de derecho y personas dignas de libertad y respeto.

Aquella Controversia de Valladolid de 1550, no solo cuestionó la legitimidad de la conquista, sino que dio lugar a una reflexión universal sobre la dignidad humana. Hoy, en un mundo donde resurgen discursos que niegan estos principios, su legado es más urgente que nunca.

El posicionamiento de Bartolomé de las Casas desmontó la cruel mentira de que algunos pueblos merecen ser dominados por ser “inferiores” y demostró que los derechos no son concesiones que hace el poder, sino que son y deben ser inherentes a toda persona, sin excepción alguna. Al igual que hiciera el, hoy debemos rechazar cualquier argumento que clasifique a las personas en “dignas” e “indignas”, “legales” e “ilegales”.

En 1948, las Naciones Unidas retomaron este espíritu en la Declaración Universal de Derechos Humanos, donde se afirma que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”.

Pero hoy, la extrema derecha vuelve a cuestionar estos principios con argumentos que buscan dividir nuestra sociedad diciendo que “los derechos humanos son privilegios para algunos”, que “la soberanía está por encima de la dignidad", o que “hay culturas inferiores”. No son ideas nuevas, son simplemente ideas que vienen del pasado cubiertas de un fino envoltorio de modernidad.

De las Casas defendió que la dignidad no depende de la cultura o la religión. Hoy, debemos recordar que las personas migrantes, las personas refugiadas y las minorías tienen y tenemos los mismos derechos en cualquier parte del mundo.

 

La Controversia de Valladolid no terminó en 1551, su eco resuena en cada lucha contra el racismo, la xenofobia, la LGTBIfobia y cualquier desigualdad. Frente a quienes quieren que retrocedamos en derechos, debemos reivindicar la importancia de construir sociedades donde quepamos todos y todas. Elijamos el mismo camino que Bartolomé de las Casas, elijamos el lado de la humanidad.

Nuestra sociedad lleva décadas de lucha caminando hacia la inclusión, la justicia social y el reconocimiento de la dignidad universal, pero la extrema derecha insiste una vez más en romper todos los puentes y en construir muros físicos e ideológicos, para dividir a la humanidad entre “nosotros, nosotras” y “ellos, ellas”.

Su ideología y argumentario, basado en el miedo, la exclusión y la demonización de quién es diferente, no es nueva. Sigue siendo la misma que siglos atrás justificó la esclavitud, el colonialismo y el fascismo, solo que ahora lo envuelven como la “defensa de la identidad” y la “protección de los valores tradicionales”. No nos equivoquemos, su objetivo es el mismo, erosionar y quemar la carta que contiene los principios y valores irrenunciables que costaron siglos de luchas.

La extrema derecha, trata estos derechos como un simple catálogo o listado del que se puede tachar lo que no les gusta. Niegan el derecho de las personas a migrar y buscar una vida mejor, niegan la violencia machista, atacan la igualdad de género y la lucha histórica de las mujeres feministas, como si ellas fueran enemigas de la sociedad cuando han demostrado y demuestran que siempre están dispuestas a luchar por los derechos de todas y todos.

La extrema derecha, criminaliza cada día a las personas que buscan refugio, como si tener que huir de la guerra o el hambre fuera un delito o algo ilegal. Su discurso es tramposo, desea imponer su pensamiento único y mantener sus privilegios a costa de los derechos de las demás.

Idolatran y se fotografían con fascistas y genocidas como Viktor Orbán, Marine Le Pen, Javier Milei, Mateo Salvini, Giorgia Meloni, Vladimir Putin, Benjamin Netanyahu y Donal Trump, que no son defensores ni de la libertad ni de la democracia; son comerciantes del miedo, que usan a las personas migrantes, a las feministas, a las personas LGTBIQ+ y a las personas más vulnerables como chivos expiatorios para fabricar enemigos y enemigas.

La extrema derecha en este país es aquella que buzonea nuestros barrios y nuestras calles con publicidad vomitiva, racista y xenófoba sobre las personas migrantes, mientras los demás miramos hacia otro lado. Somos cómplices con nuestro silencio de que en nuestra ciudad se instale el discurso de odio hacia aquellas personas que llegan desde otros lugares del mundo.

Con nuestro silencio permitimos que esta basura ideológica y fascista se deposite en los buzones en vez de tirarlos a los contenedores de papel. Les aseguro que toda esta bazofia cabe perfectamente, aunque siempre estén llenos en nuestra ciudad. Esta basura es suya, y suya también la responsabilidad de tener limpia la ciudad.

Cuando una persona cercana o no, manifiesta argumentarios machistas, racistas, xenófobos y homófobos y hace política en las instituciones o en la calle vertiendo mentiras y publicidad que hace apología del racismo y del machismo, invitando a discursos de odio y a ejercer violencia institucional, lo siento, pero son personas con ideología y pensamiento fascista y seguramente simpatizantes de partidos de ideología y políticas de extrema derecha, racistas y machistas.

Ante toda esta ofensiva, no basta con la indignación. Hay que actuar. Martin Luther King afirmó: “Lo que más me preocupa no es el grito de los violentos, sino el silencio de las personas buenas". La batalla contra el discurso de odio se libra en las urnas, pero también en las calles, en las aulas y en los medios de comunicación, desmontando todas sus mentiras con datos y exigiendo responsabilidades a quienes difunden odio. Señores, señoras y especialmente a quienes son más jóvenes, tenemos la enorme responsabilidad de trazar una línea roja ante esta barbarie. No podemos permitir que este discurso tan peligroso se instale en nuestras calles y en nuestra ciudad. No se puede seguir mirando hacia otro lado, tenemos por delante una tremenda batalla cultural.

2025/09/01

UN TECHO PARA MI

El sinhogarismo representa una de las formas más graves de exclusión social y vulneración de derechos humanos. En España, más de 28.500 personas se encuentran en situación de sinhogarismo, según la Encuesta sobre Personas Sin Hogar del INE. Esta cifra, lejos de ser solo un número, refleja historias de vidas truncadas por desigualdades estructurales, crisis económicas y falta de acceso a recursos básicos como lo es una vivienda digna.

Desde un punto de vista ético, garantizar una vida digna a todas las personas es un deber inherente de cualquier sociedad que aspire a la justicia social y la equidad. El derecho a una vivienda adecuada, reconocido por la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, no solo otorga un techo, sino también acceso a la estabilidad, la salud y la reintegración social. La falta de hogar no debería ser criminalizada ni invisibilizada, sino abordada con políticas públicas.

En la Declaración de Lisboa firmada en 2021, los estados europeos nos comprometimos a que ninguna persona duerma en la calle en el año 2030 y a que nadie viva en alojamientos de emergencia más tiempo del necesario para su transición a una vivienda. Paralelamente, este objetivo también está recogido en el Objetivo de Desarrollo Sostenible 11 de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas, del mismo modo que lo hace nuestra Constitución en sus artículos 47 donde declara el derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada y el artículo 10 al hablar de la dignidad de las personas como uno de los derechos fundamentales e inherentes.

Aunque el artículo 14 de la Constitución Española declara que todos y todas somos iguales sin que pueda prevalecer discriminación alguna, lo cierto es que estamos muy lejos de que este hecho sea cierto. Situaciones como el sinhogarismo nos alejan de una igualdad ante los derechos que ejercemos.

En nuestra ciudad, Valladolid, entre aquellos y aquellas que habitan temporalmente en el Albergue Municipal y quienes lo hacen en la calle sin un techo que les resguarde, hay no menos 150 personas. Esta es la cara más dura de la exclusión, la desigualdad y la ausencia de justicia social. Sin duda son las personas más vulnerables de entre las vulnerables.

Esta ciudad lleva años trabajando con las personas sin hogar. Pero es necesario aumentar el esfuerzo para no dejar a nadie atrás. Hace apenas un año le pedimos al gobierno municipal conformado por PP y VOX que dieran un paso adelante en la defensa de los derechos de las personas sin hogar. La respuesta fue negativa, ni un paso adelante para salvaguardar la integridad y dignidad de estas personas. Ni un solo euro o propuesta para no permitir que muera nadie más en la calle y ofrecer una segunda y una tercera oportunidad a aquellas personas que no tienen absolutamente nada, tan siquiera el calor humano de lo que significa un hogar.

No pedimos tanto, solo unos mínimos para garantizar en parte su derecho a vivir de manera algo más digna: ampliar el número de plazas para personas sin hogar en un espacio habilitado para tal fin, habilitar un parque de viviendas sociales para las personas en situación de sinhogarismo, garantizar la activación del dispositivo de emergencia existente por frío de manera continuada al menos desde el 1 de noviembre y hasta el 31 de marzo y por último aumentar la educación y visibilización del sinhogarismo a través de más acciones para que nuestra sociedad conozca y entienda que detrás de cada vida hay una historia que merece respeto, porque ellos y ellas también son parte de esta nuestra ciudad y como tales merecen nuestro respeto y comprensión. Como podemos imaginar, en nuestra ciudad tampoco hay vivienda de alquiler para estas personas, no tienen suficientes recursos para pagarlos y tampoco es fácil acceder a ellas debido a su situación de calle.

El acceso a una vivienda digna es un derecho fundamental. Pero es que, además, es un elemento fundamental para poder acceder a otros derechos imprescindibles para una persona. Disponer de un hogar es condición necesaria para acceder a derechos tan básicos como la atención sanitaria, el acceso a determinadas prestaciones sociales e incluso a derechos fundamentales como el voto, ya que sin un hogar donde empadronarse, en muchas ocasiones, es imposible cumplir los requisitos para poder ejercerlos. Si a estas dificultades añadimos todas a las que se enfrentan para acceder a los recursos municipales, está claro que habrá muchas personas que se nos van a quedar en el camino. Este hecho, facilitar el empadronamiento de estas Personas con el fin de que puedan acceder a los derechos y servicios que necesiten, debería de ser una prioridad.

Solo gracias a un hogar o recurso habitacional se puede garantizar una seguridad completa que permita desarrollar el resto de los aspectos de la vida. Esto no es una exageración, el 47% de las personas en situación de sinhogarismo en nuestro país han sido y son víctimas de algún delito de odio. El 47%.

Quienes viven en la calle tienen una esperanza de vida entre 20 y 30 años menor que el promedio, enfrentan más enfermedades graves y carecen de acceso regular a servicios sanitarios debido a la falta de tarjeta sanitaria, por lo que es urgente dejar de obviar este problema administrativo y empezar a dar soluciones inmediatamente.

Los recursos existentes son incapaces de dar respuesta. Rechacen el argumento que asegura que no existe lista de espera para acceder a estos. Cuando esta no se elabora, es evidente que no hay lista como tal, pero hay cientos de personas viviendo en silencio en nuestras calles. Si no ponemos los nombres de las personas en una lista, esta no existe. En los últimos años, además, en nuestra ciudad se pueden poner también los nombres de menores de edad en esa lista. Algo que no ocurría desde hace tiempo.

Para acceder al recurso hay que cumplir plenamente con una serie de requisitos, porque si una persona no tiene documentación y se encuentra en situación irregular, aunque quiera y necesite el recurso, no puede acceder por ser una persona migrante e indocumentada.

Tampoco aquellas personas que son mayores de cierta edad a las que también se las excluye. Si tienes problemas de salud física o alguna discapacidad como por ejemplo una movilidad reducida, problemas de salud mental o consumes algún tipo de sustancia y no estás en tratamiento, no podrás entrar y protegerte del frío. Por supuesto, nada de animales, aunque estos sean su único apoyo en su vida.

¿Somos la ciudadanía conscientes de las situaciones de vida tan complejas que tienen estas personas? Porque si no lo somos, es imposible que podamos hacer algo por cambiar sus vidas. Desconozco que gafas tenemos u usamos para ver a estas personas, pero tengo claro que no tenemos ni de lejos, la visión que ellos y ellas necesitan, y mientras esto no cambie será imposible ayudarlas. La gente se nos muere en las calles, ¿realmente nos importa?

Con todos estos palos en las ruedas, se consigue que haya más personas viviendo en la calle que en el propio recurso, que, por cierto, siempre está lleno, sin espacio. Y quienes acceden cuanto activan el protocolo en las noches más frías, que nunca son todas las personas que lo necesitan, acaban durmiendo en camastros afinados sin derecho a nada más que pasar la noche y un desayuno. Estas no son condiciones dignas. No lo son.

Párate algún día y habla con alguna de estas personas. Todas tienen nombre y una historia detrás, pero a la mayoría les gustaría tener el mismo final: “Si quieres salir de la calle tienes que luchar. La calle no es algo que guste a nadie. El día que yo salga, será un día maravilloso para mí. El poder dormir en una cama, tener un techo, poder ducharme sin tener que llenar garrafas de agua, ponerlas al sol para calentarlas. El poder echarme en una cama, sentir esa protección de las paredes de una casa, de no tener que estar vigilando quien viene y quien no viene mientras duermes, que va a pasar, que no me va a pasar. Poder cocinar mi propia comida, lavar mi ropa”. Estas palabras deberían de ser nuestra motivación para trabajar en favor de conseguir que nuestras ciudades queden vacías de personas que viven silenciadas por nuestra falta de miras y sobre todo de humanidad.