2015/06/09

DESTERRAR LAS CADENAS QUE ATRAPAN LA LIBERTAD


ª          ¿Pero… a que tenemos miedo? Miedo a que se vulnere la seguridad nacional por una invasión de inmigrantes pobres o terroristas; miedo a que las personas en situación “irregular” (los sin papeles) se aprovechen de nuestros cada vez más mermados recursos y servicios públicos y sociales”.

ª          Una caja llena de tela de arañas en nuestro país ya que esta Ayuda Oficial al Desarrollo ha disminuido en un 62% en los últimos  ejercicios previos al 2015, hasta un 0,16% de la Renta Anual Bruta”.

ª          6.000 seres humanos navegan a la deriva desde hace más de dos meses frente a las costas tailandesas, sin nada de comer y beber salvo lo que las gentes que pasan con sus embarcaciones les pueden tirar a cubierta”.


Los últimos meses han sido muy convulsos en cuanto a materia de inmigración a nivel mundial. Llevo tiempo reuniendo información, noticias, artículos y opiniones de múltiples fuentes para intentar redactar unas páginas que sirvan de resumen a todo lo acontecido en estas últimas semanas. Para ello primeramente buscaremos contextualizar algunas cuestiones creando una especie de eje cronológico para encontrarle sentido.

Nos iremos, para empezar hasta el año 2000. Después de ganar las elecciones generales de ese año, el Gobierno de José María Aznar creó la Delegación del Gobierno para la Extranjería y la Inmigración, y la integró dentro del Ministerio del Interior, eliminado de un plumazo, las competencias sobre la política de extranjería que hasta ese momento eran competencia del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. De este modo, la inmigración pasó de considerarse una cuestión sociolaboral, a constituir un asunto de Seguridad Nacional.

Con la vuelta del Gobierno Socialista en el año 2004 (no olvidemos las circunstancias en las que se produjo el cambio), la cartera de extranjería sería devuelta a Ministerios relacionados con trabajo y asuntos sociales. Pero el enfoque securitario para gestionar la inmigración ya quedaría instaurado. Algunos años más tarde (2005) el Gobierno socialista aplicaría la instauración de concertinas en las vallas fronterizas de Ceuta y Melilla. En honor a la verdad, un año más tarde el propio José Luis Rodríguez Zapatero decidió retirarlas. Recientemente, el actual Gobierno con Rajoy a la cabeza, volvió a instaurarlas y defenderlas en el año 2013 y hasta el presente.

¿Pero… a que tenemos miedo? Miedo a que se vulnere la seguridad nacional por una invasión de inmigrantes pobres o terroristas; miedo a que las personas en situación “irregular” (los sin papeles) se aprovechen de nuestros cada vez más mermados recursos y servicios públicos y sociales; miedo a que se generen problemas de salud pública en nuestro país; miedo al aumento de la delincuencia e inseguridad ciudadana. Cojan papel y bolígrafo y hagan sus cálculos y apuestas.

Lo que produce este enfoque de necesidad de seguridad sobre la inmigración es que veamos a estas personas como invasores y delincuentes antes que personas, que defendamos nuestra ciudadanía por encima de los propios derechos humanos universales. Que tener papeles en regla valga más que el propio hecho de nacer y ser alguien. Piensen incluso la forma de retratarlos en los medios: “No mueren personas, si no inmigrantes, sin papeles, refugiados…”.

Recientemente se aprobó en España la Ley de Seguridad Ciudadana, denominada Ley Mordaza. Fue aprobada por el Gobierno actual en solitario (para eso existen las mayorías absolutas “absolutistas”) y publicada en el BOE. Dicha normativa entrará en vigor el día 1 de Julio de 2015, ¿toda? Pues no. La Disposición Final Primera, que regula las devoluciones de inmigrantes en Ceuta y Melilla que lo hizo el día 1 de abril, cuatro meses antes que el resto de la Ley.


Dicha disposición enmienda la Ley de extranjería para intentar amparar la devolución a Marruecos de los inmigrantes interceptados en el salto a las vallas de Ceuta y Melilla, bajo la nueva figura jurídica que el Gobierno denomina “rechazo en frontera”, para impedir su entrada ilegal en España.

Pensemos en el trato dado a estas personas. Devuelto al otro lado sin preguntarles su nombre; ser identificado correctamente; sin ofrecerle asistencia de ningún tipo, ni letrada ni sanitaria. Impidiendo de este modo que puedan expresar cualquier cuestión, incluidas la posibilidad de solicitar protección Internacional si su vida corriera peligro. Derechos, por otra parte, amparados por la Convención de Ginebra, el Convenio Europeo de Derechos Humanos, la carta Europea sobre Derechos Humanos y la Directiva de Asilo… ¿suficientes instituciones?

Hagamos un viaje en el tiempo (maldita hemeroteca). 6 de febrero de 2014, 15 personas mueren en un intento de llegar a España frenado por las fuerzas de antidisturbios de la Guardia Civil. Las imágenes se difundieron por el Ministerio de Interior tras la presión ejercida por los propios medios de comunicación y ONG´s. Estas, también mostraban como 23 personas que sí consiguieron llegar a España fueron devueltas en caliente.

Volvamos al ahora. 20 de abril de 2015, nuestro Ministro de Interior Fernández Díaz “admite la necesidad del rescate en el Mediterráneo, pero insiste en el efecto llamada”.  Un mes atrás (por su puesto antes de la muerte de más de 700 personas en Lampedusa) nuestro Ministro defendía en Bruselas todo lo contrario, rechazó entonces mejorar el salvamento europeo en el Mediterráneo alegando un posible “Efecto Llamada”. Sus palabras alegaban que FRONTEX es una agencia que tiene por misión securizar las fronteras y no puede convertirse en una agencia de salvamento y rescate.

Más aún, aseguraba “la mejor manera de garantizar la vida de toda esa pobre gente es eliminado las circunstancias que llevan a que esa gente se vea abocada a caer en manos de mafias criminales”. Reflexionar sobre estas palabras. ¿Ésta es la mejor manera de garantizar la vida?, ¿eliminar las mafias es el mayor de los problemas? Por supuesto que no. Ya sé que estaréis pensando, que el problema que tienen es occidente y la avaricia de los Estados y personas más poderosas del planeta, que sumimos a los diferentes pueblos en guerras innecesarias a cambio de asegurar nuestra hegemonía y bienestar económico y personal.

Seguimos con más datos. En última instancia nuestro ilustrado y gran Ministro añade que existe también medidas a largo plazo (por no decir infinito plazo), algo denominado “cooperación al desarrollo”. Una caja llena de tela de arañas en nuestro país ya que esta Ayuda Oficial al Desarrollo ha disminuido en un 62% en los últimos  ejercicios previos al 2015, hasta un 0,16% de la Renta Anual Bruta, cuando la media Europea es del 0,43% y el mínimo fijado por la ONU es de un 0,7%. Volvemos a la siempre excusa de los recortes, tijeretazos siempre para los presupuestos sociales.

La cumbre extraordinaria celebrada el día 23 de abril de 2015 decidió dotar la operación comunitaria encargada de labores de vigilancia (TRITÓN), del triple de fondos, de tres a nueve millones de euros, aunque no ha sido sencillo para ello poner de acuerdo a los 28 países de la Unión. Un avance ínfimo en esta materia. No se ha mencionado la extensión del área operacional que puedan patrullar más lejos de las costas Europeas, lo que permitiría llegar antes a rescatar embarcaciones en apuros, recordemos que la mayor parte de los naufragios se producen en las aguas próximas de Libia.


En lo que sí parecían estar de acuerdo era en repartir el número de personas refugiadas a acoger (20.000 en total), pero no en cuántos le toca a cada país (parece que están intercambiando cromos). Concretamente nuestro Gobierno y sobre todo las figuras de Mariano Rajoy y el Ministro de Exteriores Manuel García-Margallo creen que aceptar 1600 refugiados en España es demasiado. Afirman además que esta cuantía no es proporcionada ni realista.

Los criterios de distribución elegidos por la Unión Europea son: la población, el PIB de cada país, la tasa de desempleo o el número de personas acogidas en el período entre 2010 y 2014. El peso de la población cuenta un 40%, el PIB un 40% y la tasa de paro tan solo un 10%. Con estas cuentas el argumento que dan estos individuos es que el alto índice de desempleo en España impediría dar trabajo a estas personas. Sinceramente, ni a estas ni a todas las demás, como se puede comprobar hasta ahora.

Nuestro Ministro Margallo relaciona inmigración con la situación económica y laboral de nuestro país, para negarse a aceptar el asentamiento de estas personas que se juegan la vida (no olvidemos que lo hacen huyendo de la situación actual de sus países en guerra) en el Mediterráneo. Al mismo tiempo sus declaraciones contradicen el mensaje optimista del Gobierno y sus “brotes verdes” que lanzan a diario aludiendo que somos el país que más crece de Europa.

Lo que está más que claro es que el Mediterráneo (mar entre todas las tierras) es una de las rutas migratorias más complejas, dinámicas y populares del mundo. A pesar de la atención mediática prestada, la vía marítima ha sido siempre un acceso secundario de los flujos de inmigración hacia Europa. Ha sido hace bien poco cuando la situación se ha revertido. La explicación tiene nombre de país, Libia, y una razón, el derrumbe del régimen de Gadafi en 2011 y la guerra civil en Siria a partir del año 2013. 

Por lo tanto las personas que se dejan la vida en el fondo de las aguas son aquellas que buscan protección Internacional, huyendo de la violencia, el conflicto y el derrumbe político y social en que se encuentran inmersos Sirios, Eritreos y Afganos (sin olvidar las docenas de países africanos que se encuentran en igual situación). Desde la segunda guerra mundial no se habían registrado tantas personas desplazadas como las que hay actualmente.

Para acabar con este gran problema falta voluntad política y ambición. Las reuniones mantenidas el 20 de abril de 2015 arrojaron lo denominados “10 puntos de Luxemburgo”. La respuesta ha sido decepcionante.

La única propuesta novedosa ha sido la destrucción de los buques utilizados por los contrabandistas (siempre y cuando exista resolución de la ONU), duramente criticada por ONG,s e instituciones Internacionales, y con razón, no se pueden matar moscas a cañonazos. Pretenden acabar así con el problema del “efecto llamada” que tanto miedo les da, sin entrar a solventar el efecto expulsión: la militarización de la frontera, que conducirá a la apertura de nuevas rutas más peligrosas para los que huyen y seguirá beneficiando a las redes de traficantes que incrementarán el precio del transporte.


Por primera vez, se plantea una distribución solidaria de personas con la necesidad de protección internacional. Sorprenden las cifras, 20.000 personas. Pueden parecer mucho, pero comparadas con los más de 4 millones de refugiados que existen tan solo en Siria… es tan solo el 0,5% de los refugiados de ese país (más de 51 millones en todo el planeta). ¿Qué pasa con los Eritreos, Afganos, Somalíes, Nigerianos, Gambianos, etc.? El debate no debería ser sobre cuantas personas se pueden acoger, sino más bien como garantizar la seguridad y dignidad de las personas.

Otra de las grandes líneas de acción propuestas pretende blindar las fronteras de la Unión Europea y la de los países de su área de vecindad mediante el apoyo económico de Europa y logístico del FRONTEX. Ni rastro queda, por lo tanto, de la cooperación en materia de gestión de conflictos y postconflictos. Ni rastro de la apertura de verdaderas vías legales de acceso a Europa. Ni rastro de una verdadera planificación política migratoria común que ofrezca soluciones de verdad a medio o largo plazo. Ni un ápice de decencia y cordura es lo que nos queda.

No quería terminar sin hacer referencia a una de las últimas noticias acontecidas en el mes de mayo, quizás la que más asco, repugnancia y tristeza puede causar en el alma humana: “6.000 seres humanos navegan a la deriva desde hace más de dos meses frente a las costas tailandesas, sin nada de comer y beber salvo lo que las gentes que pasan con sus embarcaciones les pueden tirar a cubierta”. Los medios de comunicación se hicieron eco de la noticia, pero nadie movió un dedo por ellos. Semanas después seguían a la deriva sin ninguna ayuda. Mientras tanto los Gobiernos de Tailandia, Malasia e Indonesia se desentienden por completo de ellos negándose a la acogida en su territorio.

“Desde el aire se les ha tirado comida y materiales para arreglar los motores de las embarcaciones”. Pero desde tierra se les insta para que se adentren aún más en el mar. No les importa que mueran, imagino que de ser así, un problema menos para ellos.


Mientras tanto el resto miramos a otro lado. Este caso está fuera de la jurisprudencia de Europa, algunos se frotarán las manos como si de polvo se tratara. ¿Pero, realmente esta problemática no es una cuestión que nos atañe a toda la humanidad?, ¿hasta cuándo vamos a seguir así?, ¿es que no se nos revuelve el alma además del estómago contemplando como millones de personas sufren alrededor nuestra? Aquí en España además, muchas veces tienes que hacer de tripas corazón escuchando decir a algunos gilipollas, que les encantaría poder pegar de tiros a los negritos además de ponerles muros y cuchillas como torres de altas.

Algún día nos acordaremos de todo esto. Quizás seamos nosotros quienes huyamos fuera de España y nuestras casas. ¿Qué digo? Ya está pasando, y por supuesto, cuando vayamos a países como Alemania, Inglaterra, Holanda o Francia no pidamos un trato que no sea el que se le da a un “inmigrante del sur”. Eso es lo que somos, inmigrantes en busca de mejorar nuestra calidad de vida, debido a las condiciones deplorables de nuestro país. No nos creamos mejores, quizás así, cuando volvamos a casa con el rabo entre las piernas, humillados y maltratados entendamos hasta cierto punto (no se puede comparar), la realidad del día a día de millones de personas en el mundo.